Las tres comuniones


«Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es Amor». María Teresa de Jesús

Hay tres tipos de comunión posible. La comunión con Dios, la comunión con tu alma y la comunión con otro ser. La comunión con Dios, o como queramos llamar a esa fuente de Vida Universal, es compleja de explicar. Algunos místicos y poetas lo intentan entre versos y rezos. Es como vivir en un éxtasis continuo, en una especie de expansión de la consciencia que incluye ampliar la visión del cosmos circundante y actuar en consecuencia cuando la unión es completa y eficaz. El místico tiene sed y hambre de la presencia de Dios, nada le satisface sin la presencia profunda del Amado, en el cual encuentra esperanza y cobijo. Las experiencias místicas son múltiples y se generan en todas las culturas, cada una con su acervo y peculiaridad. El místico es trascendido por el sabio y el sabio por el Entregado, aquel que entrega su vida al propósito oculto del universo.

La comunión con tu alma es una vía para llegar a la comunión con Dios. Esta segunda comunión intenta primero tener dominio sobre los mundos materiales, anímicos, emocionales y mentales siguiendo patrones que en la antigüedad llamaban procesos iniciáticos. Cada iniciación provoca un cierto dominio sobre uno de esos mundos, sus fuerzas y energías. Estos dominios crean una comunión, una integración entre esas cualidades o atributos de la personalidad, y el propio Alma. Aquí aparece otro tipo de éxtasis y comunión que refleja la Unión, el primer contacto con la consciencia cósmica y universal. Cuando las cuatro cualidades de la personalidad se integran entre sí mediante dichos procesos de iniciación, se fusionan en esa comunión, y construyen con esa luz radiante el puente o antakarana para conectarse y fusionarse con el alma, creándose la Unión total.

La tercera comunión es la que nace de la unión de dos almas o dos personalidades. Dependiendo de lo que ocurra, podremos hablar de uniones conscientes o inconscientes. Esto se puede ejemplificar en las uniones de pareja. Ocurre de igual manera un éxtasis, llamado enamoramiento, una búsqueda del ser amado. En las parejas inconscientes, la unión suele materializarse primero en los aspectos más bajos y anodinos de la personalidad. El sexo suele ser el punto de unión y anclaje. Algunas parejas más sofisticadas son capaces de sobrepasar y trascender la unión sexual y añadir, además, una unión anímica, emocional e intelectual. Esto ocurre raras veces, y de ahí la mayoría de fracasos de pareja. Basan su atracción en el sexo, y más allá de eso, no son capaces de buscar otro tipo de atracciones u formas de unión.

En las parejas conscientes ocurre exactamente al revés. Primero existe una unión de almas, de dos almas que al estilo de la filosofía platónica, se reencuentran. Nace esa unión profunda de dos partes que encajan perfectamente. Cuando se encuentran en el plano físico, la unión va de arriba abajo, al contrario de lo que ocurre en las relaciones inconscientes. Primero, mediante todo tipo de sincronías y reconocimientos, las almas se empiezan a recordar. Se enamoran, por decirlo de alguna manera, del ser esencial, del alma profunda. Ese enamoramiento va trascendiendo hacia la personalidad y ocurre un encuentro intelectual que explota cuando ese encuentro se realiza en el plano emocional. Ahí el aspecto Vida se manifiesta de forma insólita y abundante, el centro del corazón se abre y se expande de forma sublime y la unión de la Consciencia primero y del aspecto Vida después se manifiesta con gran sublimación. Cuando eso ocurre, la energía empieza a recorrer los cuerpos menos sutiles. Nace el deseo, la necesidad de unión física, y por último, esta se da desde lo más profundo y sagrado del ser. No desde la necesidad, sino desde una verdadera y sentida expresión de Amor.

Este tipo de comunión de almas, de almas conscientes, atraviesa las iniciaciones propias de la personalidad de forma inversa y compartida. Se puede decir que existe una iniciación grupal entre dos almas, entre dos seres que estaban destinados a unirse para expandir el Amor, la Vida y la Consciencia en este espacio y en este tiempo. Si nada les distrae, si nada les confunde y si nada les separa, habrán encontrado la auténtica fórmula del amor, de la verdadera comunión de Almas. Y juntos, más adentro de la espesura, desde esa base, crearan y hollaran el Camino hacia la senda del corazón, la senda de la Unión con Dios, con la Consciencia, con el Absoluto, con la Fuente, cocreando en éxtasis continuos Amor, Vida y Consciencia.

Estas parejas conscientes serán cada vez más abundantes, una vez hayamos superado todas las confusiones y distorsiones de la personalidad. El nuevo paradigma creará una correlación necesaria entre consciencia y parejas conscientes, creando, a su vez, familias conscientes, niños conscientes, un mundo consciente más expansivo y abarcante, más natural y armonioso. Es así, de esta manera, como el ser humano se realizará completamente.

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