El residuo de un ardor emocional interno


© @bensirda
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“En los textos arcanos, la sal es el residuo del fuego, así como las lágrimas saladas son el residuo de un ardor emocional interno.» El Camino del Loco – Mark Hedsel

Ella apareció como un nuevo planeta en mi universo. Sus bellezas más aparentes solo fueron un reflejo de todo aquello que encerraba dentro de sí. Sus tesoros más ocultos estaban por llegar, aún esperaban florecer poco a poco, aún se expresarían como una lluvia fina, despacio, amablemente. Una flor que se abre en una primavera próspera, cargada de semillas y mieles, de riqueza y pureza. Una luz cegadora cargada de un éter invisible pero certero.

Su trayectoria y su potencia de atracción es algo incalculable. No puedo medir la intensidad de su luz. Miro al cielo envolvente y no puedo ver un astro que brille más que ella. Como un residuo del fuego perenne, su halo migrante es la expresión de un poderoso ardor emocional interno. Es la llave a un portal invisible, a un universo paralelo que ya empieza a tejerse entre dos mundos.

No quiero insistir en el misterio de la vida, en la consciencia que se encierra en cada hecho acontecido. Solo puedo expresar admiración hacia los lazos que nos unen misteriosamente, ocultamente, en todo soplo de vida. El cósmico alejamiento del ser humano ante los hechos de la vida nos invita a preguntarnos cual es el secreto que se encierra en estos causales encuentros. La vigencia de lo mágico, de lo extraño, de lo sorprendente y milagroso nos debería recordar la urgencia del vivir. Sacar el jugo a todo cuanto acontece solo depende de nuestra apertura infinita.

Los más puros deseos y los más intensos sueños son obra del mundo de las almas. Allí se tejen las historias de amor, las vidas que se encierran en hogares halagüeños dedicados al cuidado y la protección. El ritmo del universo sensible se une al ritmo y los compases de dos corazones que palpitan al unísono. Lo sorprendente de este hecho es precisamente lo milagroso del acontecimiento. En la ensoñación nocturna, en el vagar de los astros, en los encuentros causales, nace el juego rítmico de una naturaleza salvaje y real. Allí de nuevo se encuentran la roca, el árbol, el águila. En el bosque animado, solo puede encenderse la luz del radiante planeta.

Siento un ardor emocional interno. Siento como el fuego abrasador crea el residuo condensado en lágrimas. En el atanor de la vida, algo nos conduce hacia la síntesis, la belleza, el esplendor. La obra de nuestra vida se puede resumir en ese pequeño residuo, en esas lágrimas que brotan una y otra vez de alegría y emoción, de plenitud, de poderoso sentir interior. Si te hace sonreír, ese es el Camino. Y desde que ese nuevo planeta entró en mi universo, no paro de sonreír, de brillar interiormente, de saltar de emoción de un lado para otro buscando entender porqué la vida te recompensa de forma tan generosa y profunda. A esa generosidad recíproca me debo. En cuerpo y alma, como un acto sagrado hacia lo más sublime de la existencia. Como un acto de reverencia primordial y absoluto.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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