El coraje de compartir en lo cotidiano, proteger y cuidar


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“Seas quien seas, no importa cuán solo estés, el mundo se ofrece a tu imaginación, te llama, como los gansos salvajes que, chillones y excitados, una y otra vez anuncian tu lugar en la familia de los seres”. Mary Oliver

Dicen que el secreto del verdadero amor es tener el coraje de compartir toda una vida desde lo cotidiano, protegiendo y cuidando aquello que amas y aquello que deseas desde lo más profundo del ser, en las pequeñas cosas del día a día por ese alguien que de repente apareció milagrosamente. Estos días me he sentido como nunca protegido y cuidado. He sentido a mi lado, a pesar de todo tipo de distancias aparentes, un ser capaz, desde el coraje, de compartir en lo cotidiano toda una vida extensa, profunda, arraigada, esperanzadora. Me he sentido protegido y cuidado, como si de alguna manera me sintiera en mi lugar en la familia de los seres.

Eso no ocurre todos los días, y me viene a la cabeza la complejidad de amar en lo cotidiano, en el día a día, en la vida ordinaria. Una pareja que se quiere es una pareja que no está distraída, que decía aquella entrañable abuela. Atiende lo importante, atiende con diligencia y ecuanimidad los instantes de la vida, aquello que se computa como imprescindible para poder sobrevivir de forma digna y sincera. Las parejas que duran son aquellas que, más allá de la vida extraordinaria que puedan llevar en un momento dado, aprenden a sortear las distracciones, las complejidades, los retos que se presentan. Encuentran de alguna manera una complicidad superior que los hace indestructibles. Se miran, se regalan una sonrisa, un abrazo, y continúan adelante, cómplices de todo cuanto ocurre, eternos aliados de la existencia.

La gente buena, que la hay en todas partes, sabe de estas cosas. Se alimentan de amor. Se miran con amor. Se creen vivos gracias al amor. Es gente que hace la vida fácil, que recuerda lo extraordinario de estar vivos y comparten esa emoción desde los adentros más inmediatos. Fijaos cómo los pequeños detalles engrandecen el sagrado cotidiano. Fijaos en esa persona que os pone una manta encima en momentos de frío, que enciende el fuego y te mira complaciente para ver si has alcanzado ese confort necesario. Personas que te traen un vaso de agua sin preguntar si tienes sed o te besan simplemente porque ve en ti la belleza lindante. Esos que te llaman, que te escriben, que dibujan corazones en cualquier parte para que los veas y te asombres. Esas personas que te protegen, porque saben de nuestra fragilidad humana.

Hay que tener coraje y valor para entender que la vida se engrandece en lo pequeño, en la sencillez de las cosas, en los guiños, en los gestos diarios. Pensar al otro desde el corazón y empatizar con toda su vida entera. Besar una a una todas sus heridas pasadas, para crear un mundo futuro amoroso y cálido. Hay seres que te cuidan y valoran, que están ahí siempre, en los momentos felices pero sobre todo, en la complejidad de todas las pruebas. Llega un momento en el que deseas rodearte de aquellos que te quieren como eres, que te aceptan como eres, de aquellos que se convierten en mentores porque desean lo mejor para tu vida. Llega un momento inexplicable en el que eso ocurre.

Hay seres luminosos y sanadores que están amándote desde el silencio, desde la sencillez, desde la humildad. He sentido estos días que, a pesar de las aparentes lejanías, alguien estaba pensando en cómo descifrar mis códigos, en cómo atraer la atención de mi alma, en cómo abrazar sin condiciones ni condicionantes a mi ser esencial. Me he sentido estos días querido y cuidado, protegido en lo cotidiano, haciendo que cada día fuera un momento inolvidable. He sentido ese amor, sin más detalle y sin más consuelo. Un amor grande, de esos que llegan a tu vida y parece que estarán ahí para siempre. Quizás aquella anciana tenía razón: no te distraigas, cuida y protege en el día a día al que amas, y la vida será un gran camino de amor y aprendizaje. Sea como sea, estos días he encontrado mi lugar en la gran familia de los seres.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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