Trabajo, negocio y patrimonio


Este año me había propuesto equilibrar mi economía para poder sentir que además de dar al mundo y a los demás, también tengo una justa capacidad para cuidar de mí y dar-me un poco. Hace unos días un buen amigo me enseñó su hoja de ruta para facturar este año un millón de euros. Pensé la de cosas que se podrían hacer con ese dinero si se pudiera socializar, y entendí que para él ese dinero era casi insuficiente para vivir un año de su vida bien. Un millón de euros puede parecer mucho o poco dependiendo del estilo de vida que cada cual lleve. La inmensa mayoría de los mortales vive en la miseria de la clase media, una clase que de alguna manera se ha convertido en la pobreza espiritual de nuestro tiempo. Digo pobreza espiritual porque materialmente se puede decir que basan sus vidas en lo que ahora se ha dado por llamar “entretenimiento”. Si estamos entretenidos, estamos felices con nuestro pequeño sueldo, tan justo que nos permite vivir más o menos bien, pagar la hipoteca o el alquiler y darnos el beneplácito de seguir entretenidos el resto de nuestras vidas.

Mi amigo decía que es importante tener en cuenta tres factores a la hora de enfrentar nuestra realización económica: trabajo, negocio y patrimonio. El trabajo es aquello por lo que recibimos una renta mensual, que puede ser mucho o poco dependiendo de a qué dediquemos nuestro tiempo. El negocio es aquello otro que, independientemente de nuestro trabajo o renta mensual, nos permite tener un extra, algo más que pueda elevar el rendimiento de nuestro trabajo. El problema de los negocios es que a veces van bien y otras van mal, pero ahí está el riesgo y la aventura del emprendimiento. Y la suma de ambas, o a veces la fortuna de una herencia gracias al rendimiento y el esfuerzo de nuestros antepasados, nos permite poco a poco tener un pequeño patrimonio que nos protege ante las complejas adversidades de la vida. El tener más o menos riqueza en la vida va a depender de cómo equilibremos esa fórmula.

Esta mañana hablábamos sobre otra esfera de la economía más allá de esta primitiva fórmula económica, necesaria toda ella para tener una base y poder vivir bien. Se trata de tener una consciencia unitaria, donde el dinero no esté basado únicamente en el deseo egoísta de la subsistencia y en el plano del entretenimiento, sino que vaya más allá de esa esfera personal. Tener consciencia en la economía es mirar más allá de nuestras egoístas aspiraciones y participar del fluir humano y sus necesidades vitales conjuntas.

Mi caso ha sido extremo porque los últimos años he compartido mi trabajo, mi negocio y mi patrimonio con el deseo de inspirar un nuevo paradigma social y económico. Falló algo de mi fórmula, y es que no miré excesivamente en mí, y ahora eso me está repercutiendo negativamente. Centré mi “trabajo” (lejos de su etimología, tripalium) no en la vocación pedagógica, tal y como me había formado en los últimos años (ser profesor de instituto o universidad era a lo que parecía que me iba a dedicar), sino en mi vocación profunda: escribir. Puedo decir que mi trabajo es la escritura en libros y en este blog, el cual, gracias a personas generosas que lo leen desde hace años, puedo tener una muy pequeñita renta. Mi negocio ha sido siempre la editorial, y todo lo que gané con ella cuando el mundo de los libros era rentable, lo invertí en algo de patrimonio personal y sobre todo, en patrimonio compartido, en esa consciencia económica unitaria.

Después de ocho años compartiendo todo el fruto de mi trabajo, de mi negocio y de mi pequeño patrimonio, me veo con la necesidad personal de pensar un poco en mí y buscar el equilibrio entre la fórmula primitiva de la búsqueda de rentas pasivas y activas para interés propio y la fórmula experimental del nuevo paradigma basado en la economía del don. Me alegra la inversión en valores que he realizado durante estos años para inspirar una nueva forma de entender las correctas y justas relaciones humanas. Me alegra infinitamente seguir experimentando en esta línea y seguir integrando aún más la misma en mi vida.

Y esa alegría ha provocado el fruto de mi trabajo, de mi vocación. Así que agradezco mucho de corazón a los suscriptores del blog el apoyo que recibo y agradezco de corazón a todos aquellos que os gusta y disfrutáis con la línea editorial de los sellos que dirijo. Gracias por comprar libros llenos de sentido y consciencia y gracias por compartir parte de vuestras rentas inspirados por la economía del don. Pase lo que pase, seguiré cumpliendo con mi parte y seguiré creyendo en el ser humano con la esperanza de que la humanidad también encuentre su propio equilibrio, restaure su generosidad infinita y más allá de pensar en sí mismo, también lo haga en el resto. El reparto de la riqueza nos hará siempre más ricos a todos, y no más pobres, porque si la humanidad vence, vencemos todos. Agua que fluye, jamás se pudre. Esa es la antigua fórmula que hace que la riqueza material se extienda hacia todos. Que el flujo siga su curso, y una vez equilibrado nuestro mundo material, emocional e intelectual, podamos asaltar el mundo de la consciencia y podamos seguir ayudando a mejorar este mundo bueno.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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