Imbolc, Mazal, Acuario


«Que ese goteo de inspiración de tu alma en lo alto no se disipe, sino que tenga un efecto positivo y duradero, que desde este evento en adelante vivas tu vida con una conciencia más elevada. Que seas consciente de las bendiciones en tu vida y que estés preparado para recibir más y más». Bendición Mazal Tov

Ayer, en la plácida noche, desde el otro lado del ocaso, me susurraban al oído que la Kabalah nos explica que «Mazal» es un acrónimo formado por las iniciales de Macom, Zman y Limud, que significa a su vez Lugar, Tiempo y Enseñanza. El pueblo judío siente que lugar, tiempo y enseñanza, en combinación, es lo que denominamos ignorantemente «suerte». Más allá de la suerte, existe un modelo superior cargado de significado que acompaña al principio esencial de amor y cuidado. Me gusta llamarlo lazo místico, aunque Borges lo expresaba de forma más hermosa en su poema Everness hablando de Arquetipos y Esplendores. La suerte, o aquello que determina nuestro libre albedrío, es algo complejo y difícil de comprender. Todas las decisiones que tomamos, a veces fortuitas, a veces sabias, a veces broncamente erróneas, determinan para siempre nuestro destino. Sin embargo, hay un destino ineludible. Es ese de los esplendores y arquetipos, el del lazo místico, ese que llaman el propósito de nuestra alma o su misión.

Esa misión es como un goteo de inspiración del alma. Algo que no puede disiparse, sino que, como lluvia fina, va permeabilizando nuestras vidas cuando de verdad nos abrimos en canal a ella. Más allá del karma o el dharma que hayamos insistentemente acumulado en nuestro haber, existe inevitablemente un hilo conductor de todas las cosas. El miedo nos puede alejar de ese hilo conductor y nos puede expulsar de la noción de las cosas. Y el amor nos puede dar pistas de hacia donde conducen esas benditas aguas que caen de los cielos primordiales.

Estos días celebramos uno de los hilos conductores de la tradición celta: el Imbolc. El Ceòl Mór y Ceòl Beag, la música grande y la música pequeña, empiezan sus ritmos. La luz empieza a crecer tras la luna nueva de Acuario y nace la oportunidad de que los puntos de la fertilidad se sientan, se reconozcan y deseen unirse. Es el ritual de la fecundidad por excelencia, el tiempo en el que las pequeñas ovejas empiezan a ser gestadas. Es el instante justo dónde el lugar, el tiempo y la enseñanza se unen en el cuidado y el amor.

Para la Kabalah, Ahava (amor) y Daaga (cuidar), son las energías esenciales para conseguir la Ejad, la unidad primordial de todas las cosas. Los enamorados se aman y se cuidan, los padres aman y cuidan a sus criaturas, y así la Naturaleza, en su infinita generosidad, nos ama y nos cuida para que algún día seamos Uno con ella.

Por eso, aunque aparentemente todo parezca desencajado, existe un hilo conductor, algo que une a Imbolc, a Mazal, y la luna nueva de Acuario. Algo que ocurre en el mundo celta y en todos los mundos posibles. Un hecho que astrológicamente tiene su profundo significado, asociado a la fertilidad, a la crianza, al amor, al cuidado.

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