Suzanne Powell: soñar con los muertos


Hoy tuve un bonito sueño con la amiga que se marchó hace unas semanas. Suzanne Powell aparecía con alguien más y me guiaban por sus estancias y moradas hasta llegar a un lugar donde estaban escribiendo juntas un libro titulado algo así como “Guía para ayudar a los Guías”. Suzanne Powell sirvió de guía a muchas personas. Dotó de esperanza a un gran número de seguidores y con su peculiar estilo, abrió las puertas de la espiritualidad a mucha gente. Alguna vez hablamos del futuro que creíamos lejano, y nos preguntábamos sobre quién guiaría a los guías de la especie humana, y sobre quién cuidaría de ellos cuando no tuvieran fuerzas o estuvieran agotados.

Hace unos días fallecía el maestro budista Thich Nhat Hanh. Fue cuidado y asistido en uno de sus monasterios gracias a los miembros de la Orden de Interser que él mismo había creado. A diferencia de Suzanne, Thich Nhat Hanh había entendido la necesidad de crear comunidades de vida conscientes donde unos cuidaran de los otros, y pudieran desde el esfuerzo grupal, practicar y compartir el Dharma. La espiritualidad comprometida o activista requiere no solamente hablar de espiritualidad, sino ponerla en práctica. La creación de comunidades de vida espiritual es una buena forma de hacerlo.

La joven y hermosa Alba murió recientemente, de forma abrupta e inesperada. Llegó hace unos años a este lugar haciendo el Camino de Santiago. Esa experiencia de peregrinaje interior le impactó. Su transformación espiritual la vivió con intensidad y cambió su vida para siempre. Para muchas personas, el peregrinaje a “tierras santas”, produce una transformación interior. Sentí un crujir interior cuando me enteré de su muerte. Tenía todo un camino por delante para convertirse en una buena guía para muchos. Estaba labrando su futuro de forma que su mundo transformaría también a parte del mundo. Alba venía de los confines de Rusia, alta, preciosa, alegre, profunda. Nunca pudo crear su Shanga, ni siquiera pudo inspirar a muchos en su breve vida, pero dejó una huella en la que de alguna manera la pudimos (re) conocer.

Soñar hoy con Suzanne me ha hecho repensar la muerte. La muerte y la vida, la fragilidad de nuestro devenir y peregrinar por este hermoso y único planeta. La muerte de Alba, de Thich Nhat Hanh o de Suzanne me han producido cierta alerta interior. Quizás Suzanne, con la que hablé mucho sobre ese tema en nuestros retiros y paseos, me ha querido decir algo con ese sueño. Algo así como “cuídate” y “cuida” a los guías que te rodean. A toda esa gente que frecuentamos y son fortaleza para nuestro espíritu. A toda esa gente que da su vida en una entrega suprema, en una constancia perseverante. Cuidar a los guías de la especie humana para que nos ayuden en nuestro tránsito, en nuestro peregrinar por el mundo. Cuidar a los que cuidan, cuidar a los que guían e inspiran.

Soñar con los muertos es como saberlos vivos al otro lado. Estoy convencido de que Suzanne, en su particular reset, ha podido ver todos sus errores y sus aciertos. Pero, sobre todo, ha podido ver todas las personas a las que pudo inspirar con su divina presencia. Confío en que esté bien al otro lado y confío en que pueda seguir obrando el bien desde el más allá. Su guía nocturna me ha servido para ver luz allí donde antes había sombras.

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