En las entrañas del Camino Medio


Esta mañana paseando por Madrid

Quedamos esta mañana a las nueve en punto en el Tavolo Verde, el lugar donde Casado le ofreció a Cayetana un prometedor futuro político. Tras el distendido desayuno y la alegría por el reencuentro, me llevó a su pequeña cueva. En el centro de la ciudad, junto a la embajada de Francia, existe una inquietante réplica de la cueva de San Ignacio. Es un lugar secreto, donde se accede por un parking en una de las zonas más caras de Madrid. Su guardián y morador es un gran amigo que organiza desde allí su vida material y espiritual.

Desgranar y ordenar esos mundos es complejo, por eso me ha fascinado poder ver cómo, de alguna manera, su forma de ordenar el complejo mundo de la materia le acerca a cierta espiritualidad, a cierta llamada a la que atender. Ser rico materialmente está bien, pero está mucho mejor si viene acompañado de cierta riqueza espiritual. Ahí está el Camino Medio de Buda. Lo material no está reñido con lo espiritual, sino que se complementan y se necesitan. Encontrar el justo equilibrio es la proeza, el reto, la praxis.

El Mesías opinaba de forma diferente, pero su mensaje siempre fue revolucionario y alternativo. El Reino de los Cielos debe encarnar en nosotros para poder desarrollar el Cielo en la Tierra. Una excelente complejidad más allá del mundo dual dónde nos movemos. Tras los días en Gandía, hice una parada para comer a las afueras de Madrid con unos buenos amigos. Llegué aliviado por estar de nuevo como en casa en el Jardín del Morya, un bello lugar cargado de energía Crística. Ese lugar es fascinante porque moran buenas personas, diría que personas que son de mi sangre espiritual, y que compartimos siempre desde esa alegría. Hablamos de política y me recordó mis tiempos en los que andaba embarrado en la misma. Estar en política es necesario. Quiero decir que es necesario que buenas personas estén en política para poder ofrecer ese Reino de los Cielos a un mundo tan oscuro y perverso como es el del “poder”. Animé a mi amigo a que lo hiciera desde la profunda convicción de que personas como él deberían guiar este mundo. Abrimos esa brecha, esa posibilidad, con el ideal de no posponerlo para otras vidas.

Seguí mi camino hasta Palacio. Siempre identifiqué Palacio a esos lugares que distan mucho de mi pequeña cabaña. Viví en ellos en un tiempo pasado, y ahora me gusta volver de vez en cuando para recordar ese Camino Medio, esa necesidad de no marcharme de un extremo a otro como antes hacía. Del Palacio a la Cueva/Cabaña y de allí de nuevo a Palacio. Me alegró mucho volver a ver a mi querida amiga, que ejercería de espontánea anfitriona mientras trabajábamos en su nuevo libro. Ha sido un encierro de fin de semana excepcional, hermoso, de mucho trabajo pero también de hermosa amistad y sueños futuros. Ha sido como estar en casa, como estar de nuevo con esa otra familia estrecha, cómplice. Meditábamos, cantábamos, hacíamos algo de yoga y al trabajo. Exactamente igual que en nuestra pequeña comunidad.

Este año me he propuesto ejercer de editor y me he estado preparando por dentro y por fuera. Herramientas nuevas, coche nuevo donde poder aparcar gratis gracias a su etiqueta cero emisiones y, sobre todo, la convicción de que volver a empezar desde la experiencia y sabiduría adquirida puede garantizar nuevos éxitos materiales. La diferencia con antaño es que esos éxitos ya no son para mi gozo personal, sino que serán compartidos. Ya no hay nada para mí que no sea lo estrictamente necesario para seguir adelante con ese propósito o misión que me conmueve por dentro. He tenido que hacer un profundo movimiento de discernimiento, y ahora toca ponerlo en práctica.

Ahora estoy viajando hacia el sur de Toledo. La idea es impulsar un nuevo libro que haremos con alegría y perseverancia, un libro que nos debe hacer brillar. Sonrío cuando pienso en la posibilidad de seguir escribiendo, de ayudar a otros a buscar sus dones y talentos y de poner en marcha proyectos que pueden traer al mundo un poco de luz. En el fondo, quizás eso sea lo más espiritual. Hacer brillar a personas para que el mundo se llene de esa luminiscencia tan necesaria. Encender el fuego, regenerar nuestra cultura, reponer el buen nombre de la vida humana e incluir en ella la llamada espiritual con todas sus consecuencias. Con energía crística, búdica o de cualquier otra índole, pero con impulso espiritual, es decir, con algo que nos pueda trascender.

Cuando terminemos todo esto, seguiré mi viaje hasta mi Barcelona natal. Allí estaré unos días buceando en el mapa que deberá guiar mi mundo en el próximo año. Se presentan dos viajes importantes si todo va bien: uno a Estados Unidos y otro a México. Ambos por motivo de trabajo: trabajo antropológico, editorial y espiritual. Este año vuelvo a ser un poco más yo. Empiezan las obras de la futura Escuela, y debo salir a los Caminos para conseguir todo tipo de recursos, ya sean humanos, materiales o espirituales. En el fondo, así se tejen los sueños. Saber dónde estamos, cual es nuestra realidad, y qué estamos dispuestos a cambiar para mejorarla o ampliarla. Este año será un año de ampliación, de cosecha, de preparación de una nueva tierra. Será un año de Camino Medio, un año de salir de mi cómoda cueva para que la luz nos guíe de nuevo y la Gran Obra continúe.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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