Practicar la magia desde las construcciones mentales


El aprendizaje de los seres humanos está íntimamente relacionado con el control y buen uso del plano mental y todas sus fuerzas y energías. Aunque no lo sepamos, somos constructores de gigantescas formas mentales que determinan nuestras vidas y las de los demás. Los pensamientos se acumulan, se recrean, se retroalimentan unos a otros creando formas vivas, y también realidades.

Un mago se diferencia del resto precisamente en un pequeño detalle: tiene consciencia del poder de esa construcción. Y al hacerlo, es capaz de movilizar esas fuerzas, esas energías que desempeñan un poder brutal sobre la vida de uno y la de los demás. Somos cocreadores, o estamos empezando a aprender a cocrear. Primero cocreamos nuestras vidas a nuestra imagen y semejanza, es decir, así como seamos capaces de imaginarla. Y luego, con el tiempo, uno se vuelve un mago. En esa transición entre la vida ordinaria y la vida extraordinaria, como se la llama desde tiempos antiguos, hay un pequeño umbral, un antes y un después, una llamada.

Un mago no es más que aquel que es capaz de dominar sus circunstancias y las ajenas desde cierto control mental. Es decir, tiene cierto dominio sobre su vida, y entrega parte de ese dominio a la construcción de su mundo anexo. Los pensamientos sobre nosotros mismos o sobre la vida y todo lo que nos rodea son energetizados por nuestros deseos. Nuestros deseos pueden ser benignos o malignos, sanos o insanos, dependiendo de si queremos convertirnos en magos blancos o en magos negros. La diferencia entre unos y otros tiene que ver con el grado de egoísmo o altruismo que pongamos en ellos. Si todo lo que hacemos, lo hacemos solo para nuestro beneficio, nos convertimos en magos negros. Pero revertimos la situación si todo aquello que hacemos para nosotros lo ponemos al servicio de los demás. Es decir, si cuidamos de que nuestro mundo esté ordenado para ayudar a ordenar otros mundos.

La generosidad que la vida muestre en nosotros dependerá del grado de generosidad que nosotros dispongamos hacia los demás. Pero esto último hay que verlo en perspectiva, es decir, en todo el conjunto de ciclos que un ser puede llegar a vivir. Uno puede estar sembrando hechos que repercutirán no de forma inmediata, si no en futuras experiencias.

Las formas mentales que construimos a veces pueden atraparnos, crear una realidad sobre nosotros inadecuada. Aquí el deseo tiene mucho que ver, especialmente el deseo inconsciente, las fuerzas ocultas que gobiernan nuestras vidas sin darnos cuenta. Traumas, creencias, dogmas, herencias familiares. La cárcel oculta puede ser infinita. Por eso, uno de los primeros trabajos de cualquier persona capaz de tener esa visión sobre el poder de la construcción mental, es desintegrar y disipar todo aquello que no le pertenece, sino que más bien ha sido heredado por traumas de la infancia, por creencias limitantes o legados ancestrales. La ruptura de esas cárceles conceptuales es traumática, pero necesaria para encontrarnos con nuestro verdadero yo, nuestro verdadero mago, con nuestra verdadera alma.

Practicar la magia tiene sus peligros. Primero porque hay leyes que son necesarias conocer. Uno debe saber el efecto que tiene sobre la magia (entiéndase magia como manejo de fuerzas y energías) todo aquello que maneja en su vida. Primero, debe conocer como afecta lo que uno deja entrar en su cuerpo, y de que manera unos alimentos (o cualquier tipo de sustancia) distorsiona o fomenta el buen empleo de fuerzas y energías. Luego debe profundizar en las fuerzas vitales que operan en los planos etéricos. Reconocerlas, entenderlas y manejarlas con soltura. Atravesado esa dimensión y dominada de alguna manera, viene el gran reto: la disipación de Maya, la desintegración de las formas que se han creado en el plano astral, en el mundo del deseo, la emoción, en ese vibrante mundo de confusión. ¿Cómo discernir entre un deseo y otro? En el discernimiento está la clave de cualquier éxito futuro.

Y ahí tenemos otro mundo, el mental en su doble vertiente, el mundo mental concreto y el mundo mental abstracto. Es ahí donde se empiezan a gestar y crear las formas mentales, los arquetipos, aquello que determinará que nuestras vidas sean de una u otra manera. El manejo de esas energías y su dominio es lento y arduo y requiere de mucho estudio, de mucha práctica, de mucha introspección interior. Uno puede encontrar mentores o escuelas avanzadas donde de alguna manera silenciosa y discreta se potencie el dominio oculto sobre nosotros mismos para luego beneficiar con ello a la humanidad. Uno puede aprender a rehacer su vida para hacerla más digna, y luego con ello potenciar la dignidad de los demás. Uno puede, con tesón y perseverancia, romper las cadenas de las construcciones mentales que nos aprisionan (propias, familiares, culturales y sociales) y vencer con ello la inercia de la vida, transformándola hacia un lugar más puro y brillante. Solo hay que sentir esa llamada para que nuestras vidas ordinarias empiecen a ser completamente extraordinarias, con todo lo que eso conlleva.

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2 respuestas a «Practicar la magia desde las construcciones mentales»

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