Anno Lucis, el año de la Verdadera Luz


Impresión, sol naciente (1872). Claude Monet.

Cada año que pasa debería ser el año de la verdadera luz. Años florecidos por el renacimiento de nuestras almas, años llenos de paz interior, de equilibrio, de bienestar. Todos los años de nuestras vidas deberían estar llenos de luz, de inspiración, de sabiduría. Dicen los antiguos que el mundo se creó exactamente hace más de seis mil años. Los signos restantes de siglos pasados así lo atestiguan. El Anno Mundi o el Anno Lucis o el Anno Domini no importan realmente. Lo que importa es aquello que florece en cada época, en cada tiempo. De la oscuridad de esta era en la que ahora vivimos, nacerá algún día algo bello. Los campesinos que cultivan la tierra saben que, de sus entrañas, de su oscuridad, de su humedad y silencio, brotarán en primavera tallos verdes, flores exuberantes, frutos maduros que nacerán en verano. El año de la verdadera luz está relacionado con esos siglos oscuros, entrelazados y preparados para que de su tierra surjan auténticas joyas.

No pudo existir un Renacimiento histórico y las ideas del humanismo si no hubiera sido por los siglos de oscuridad medievales. Hay siempre una ruptura artística, cultural y espiritual en cada época. La nuestra propia vivirá un renacimiento futuro cuando descubramos que el reguetón y la adoración del becerro de oro no son más que productos de una época decadente. Y de esa decadencia, nacerá inevitablemente una era de luz, de verdadera luz.

¿Qué ha sido para nosotros este año que ya termina? Sin duda, para el colectivo mundial, ha sido un año difícil, complejo, decadente, oscuro. De nuevo el miedo y la división han provocado que toda la población mundial haya participado activamente de esa decadencia, de esa oscuridad. Sin embargo, bajo la tierra, en la oscuridad, algo nuevo está surgiendo. Un nuevo paradigma que eclosionará en un futuro no muy lejano. Una nueva era de libertad, de expresión, de arte, de renovación cultural, de espíritu libre. Un nuevo lugar del que aprender a expandirnos sin miedo y en vibrante amor. Un nuevo hogar humano.

¿Qué ha sido para mí este año que termina? No sabría decirlo. Normalmente, en estos días, suelo hacer balance del año y pienso en todo el aprendizaje recibido. No podría valorar si ha sido un año bueno o malo, más allá de apostillar que como casi todos los últimos años, ha sido un año duro. Al terminar sus días, siento un pequeño cosquilleo interior, algún tipo de corazonada que me dice que a partir de ahora pasarán cosas buenas, muy buenas, preciosas. Mi deseo es ese, transformar todos estos años pasados de oscuridad y dolor en un renacer interior, en una plasmación de la teoría de los ciclos, donde tras el frío invierno, la primavera resplandece. Siento de alguna forma que un ciclo de primavera se aproxima. Es inevitable, es esperanzador. Algunos brotes verdes he podido ver enfrascados en pequeñas reliquias. Algo puedo observar, ahora que la experiencia me enseñó a observar los ciclos, que algo nuevo y bueno nos espera.

Quizás un año de verdadera luz, para todos, para el conjunto de la humanidad. Un año de volver a empezar, un tiempo de renovación y cambio, de transformación interior, de vida plena. Ese es mi mayor deseo para todos vosotros. Esa es mi mayor aspiración. A ti, que desde lo oculto lees estas letras, te deseo sinceramente, desde la más absoluta humildad y agradecimiento, que tengas un feliz año nuevo, un feliz tiempo nuevo, un año de la verdadera luz. Que la paz reine en vosotros, que la fuerza la sostenga, que la belleza la adorne y que la sabiduría nos guíe.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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