«Unga-unga» o sobre la polémica del bilingüismo


En los tiempos protohistóricos, se mezclaban todo tipo de culturas y lenguas. Antes de que el popular «unga-unga« diera paso a lenguas más sofisticadas, en lo que ahora se llama Cataluña se mezclaban las lenguas íberas, especialmente la de los pueblos layetanos y lacetanos, con los protovascos de entonces, conocidos como los aquitanos, especialmente en la zona de los Pirineos y el Valle de Arán. Además de esas corrientes culturales, había minorías étnicas como las colonias griegas y fenicias que aportaban su dosis de complejidad lingüística. A todo esto había que añadir las influencias celtas y las del idioma sorotáptico que quedaría en el sustrato cultural de aquellos lejanos tiempos.

Luego llegaron los romanos y su gran imperio lingüístico, cultural y de asimilación con su latín de la región del Lacio. No deja de ser paradójico que lo que ahora llamamos castellano o catalán sean hijas bastardas de su lengua madre, la lengua de un imperio invasor. La paradoja es mayor cuando intentamos rasgarnos las vestiduras en cuanto a pureza cultural, pensando que nuestra lengua, sea la que sea, es más legítima que la otra. Pura paradoja dialéctica.

Cuando los romanos se marcharon y dejamos de hablar la lengua de la ahora llamada Italia, el latín degeneró en diferentes variantes, en parte por las nuevas invasiones y conquistas (especialmente germánicas y árabes) y en parte por la propia involución lingüística. Cataluña volvió a ser bilingüe entre árabes de la Cataluña Nueva, vascos y occitanos de la Cataluña Vieja y un cúmulo de mezclas que dieron origen a las actuales lenguas.

La historia lingüística se ha ido tejiendo, como ocurrió alguna vez con el latín, gracias al idioma de la calle, a lo que es conocido como la lengua viva y vulgar. Al igual que el latín se corrompió por la gente de los pueblos, transformándose en diferentes lenguas romances como el castellano, el catalán o el gallego, ocurre lo mismo hoy día. La lengua viva de la calle no es la que se impone en los colegios, en las instituciones o en los gobiernos (la lengua culta de todo imperio que se precie). Es la lengua que habla libremente la gente en sus barrios, con los suyos, en la intimidad. Esa cultura, ese sustrato, ese lenguaje, sea el que sea, tiene que convivir el uno con el otro, porque forma parte del espíritu de cada territorio, de cada pueblo cuya síntesis y unión no es la pobreza de una genuina lengua, sino la riqueza multicultural que siempre ha bañado nuestros valles y montañas. El alma de un pueblo siempre nace de sus paradojas complementarias, no de sus vergonzantes complejos.

Celtas, fenicios, griegos, cartaginenses, romanos, visigodos, árabes, occitanos… convivieron unos con los otros, hablando múltiples lenguas. Culturalmente hablando no puedo sentirme muy orgulloso por el hecho de hablar dos lenguas nacidas de una conquista extranjera como fue la romana, por eso me quedo atónito ante la guerra cultural que vivimos en nuestros días. Es como si un apache de Oklahoma se sintiera orgulloso de haber olvidado su lengua nativa kiowa y defendiera a capa y espada el inglés invasor y asimilado. Es cierto que como íberos hemos perdido nuestras raíces, si es que aún nos queda algo de eso, pero también es cierto que lo que nos queda, unas lenguas de asimilación, degeneradas de una lengua invasora, es lo que nos mantiene unidos.

Respecto a la polémica de Netflix, por mí como si quieren hablar en chino mandarín… nunca nadie podrá arrebatarnos la lengua de la calle, del pueblo, de la gente, sea la lengua que sea. Y en Cataluña, la gente, espiritualmente alineada con la cultura de los tiempos, como siempre ha sido, es y será bilingüe. Lo siento, pero la pureza cultural solo es posible en el imaginario colectivo de sectarios o totalitarios. Y solo cuando entendamos esto, podremos abrazar libremente la riqueza cultural que nos rodea sin juicio, sin prejuicio. Que cada uno hable lo que quiera y como quiera y que ninguna institución ni gobierno nos diga cómo tenemos que hablar. Y si no nos entendemos, siempre nos quedará el «unga-unga«.

Pd.

Según una encuesta realizada por la Generalidad de Cataluña en 2013, el castellano es la lengua materna del 57,58% de los ciudadanos censados mayores de 15 años, mientras que el catalán lo es de un 33,46%, incluyendo en ambos casos a los bilingües perfectos por lo que la suma supera el 100%. 

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