Vidas posibles


Esta mañana pala en mano dando el extra. Gaia acompañándonos y dándonos ánimo…

 

Decía un amigo que los sueños te atrapan. Tener un sueño en la vida es como tener un corsé del cual no te puedes desprender ni escapar. Algo que te limita y te impide improvisar o dejar espacio para otras cosas. Mi vida ha estado llena de sueños, casi todos cumplidos. También de propósitos, algunos propios y otros más etéricos, de esos que uno piensa que pertenecen al común, al conjunto de lo que somos, más pertenecientes a lo intangible que a lo conmensurable. Cuando las cosas van bien uno no se plantea la calidad de los sueños. Simplemente fluye con ellos y espera ser útil a los mismos. Pero ya sabemos que la vida es un continuo discurrir entre diferentes epopeyas personales y ajenas.

Las gestas de estos últimos días me han dejado agotado. A pocos días de celebrar la Navidad en estas frías tierras, nos hemos quedado sin luz, sin agua, y con la casa inundada por múltiples factores. La primera inundación parecía que tenía que ver con las intensas lluvias de estos días. Hicimos, agotados, una gran zanja por un lateral de la casa. Parecía que todo empezaba a estar resuelto cuando hoy ha implosionado la tubería de los desagües generales, empapando todo el prado de…

Ahora toca buscar maquinaria pesada para que abran una gran zanja y podamos cambiar todas las tuberías… Todo esto con lluvia, con nieve, con viento y frío. Hoy hemos doblado la jornada hasta el anochecer para avanzar todo lo posible. Admito cierto cansancio y algo de frustración por todo lo ocurrido de repente. Tres semanas sin luz, unos días sin agua, inundaciones en la casa y ahora esto. Es como volver a empezar, cuando ya creía que este año habíamos terminado las grandes obras de la casa de acogida.

Hubo un momento, mientras cargaba las que parecían las últimas carretillas de tierra que sacábamos de la casa, que me paré exhausto bajo la lluvia, todo lleno de barro y agua. Miré los árboles otoñales que tenía en frente, el prado verde, las montañas. Alcé la mirada y me preguntaba, de todas las vidas posibles por las que podría haber transcurrido, porqué había elegido esta.

Admito que la respuesta es íntima y personal, compleja para ser explicada o confesada. Algo excesivamente transpersonal, espiritual o como se quiera llamar, como para dilucidarla en dos palabras. Cuando ya no podía más bajé al pueblo, a la sede de la editorial, para recargar móviles, ordenadores, lámparas de luz y demás objetos que en nuestro tiempo son necesarios para la supervivencia psicológica y profesional. Me senté en el sillón de mi despacho y miré mis títulos, todos los libros editados, todos los libros escritos. Ahí estaban todos mis sueños cumplidos tras tanto y tanto esfuerzo. Miraba también mi edad cronológica y me preguntaba cuánto tiempo realmente me quedaba por delante, y cuánto tiempo más iba a dedicar a apagar fuegos y más fuegos de este sueño tan complejo y difícil.

No encontré muchas respuestas. Podría morir en cualquier momento, somos así de frágiles. Incluso podría pensar en una vida más sencilla, donde pudiera ver la televisión, ir de vez en cuando al cine, incluso tener una pareja con la que pasear por algún centro comercial para comprar o simplemente ver a los demás hacerlo. Pero solo de pensar en esas cosas se me retorcía algo por dentro. De todas las vidas posibles, interiormente siento que esta es la que, a pesar de los avatares del día a día, me enriquece más.

Es como si pusiera en un lado de la balanza las necesidades de la personalidad (sus quejas, su cansancio, sus debilidades, sus sombras y distorsiones) y por otro lado las necesidades de eso que llamamos alma (con esa luz silenciosa que abraza toda incertidumbre) y ganara por absoluta mayoría la segunda. Y es ahí, cuando agotado, cansado y abatido, me levanto de nuevo y consigo llevar a cuestas el doble de carretillas que había arrastrado hasta ese momento.

Levanto la mirada, me cruzo de nuevo con el vuelo intangible del águila moradora, suspiro, y sigo adelante. No queda otra. Todas estas pruebas deben, de alguna manera, producir un efecto devastador en nuestro interior. Algo profundo debe ocurrir cuando la personalidad se inclina ante la inmensidad y el vasto dominio de la vida espiritual se presenta una y otra vez ante nosotros. Algo debe pasar cuando, ante la duda y la sospecha, se adquiere mayor fuerza y determinación. Mañana nos espera una jornada aún más dura que hoy. Seguiremos adelante. Esa es la consigna, ese es el aprendizaje de la tenacidad y la perseverancia. Ya disfrutarán otros de los frutos de tanto esfuerzo… No se trata de la reconstrucción de un edificio, se trata de un mensaje que, de alguna manera, quedará grabado en el mundo etérico.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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