Los lazos hilozoistas


Aquí en el año 2012, cuando me mudaba a Madrid y daba ya por muerto al entrañable amigo Priusito. Por suerte, resucitó… y dobló su vida útil.

He venido de nuevo al sur atraído por una especie de lazo hilozoista. No podía dejar abandonado, después de tantas aventuras juntos, a mi entrañable amigo Prius. El hilozoísmo es una antigua doctrina que nos dice que la vida y la sensibilidad son inherentes a todas las cosas en la naturaleza. Es algo así como pensar que todo lo que existe tiene vida propia, inclusive aquellas cosas que aparentemente parecen inertes. De ahí que después de tantos años, sienta cierto lazo de unión con mi viejo coche y no haga más que rescatarlo una y otra vez.

Aún no lo sabemos a ciencia cierta, pero todos los seres están unidos por lo que los antiguos llamaban el lazo místico. Ese lazo energético, de vida, une todas las cosas, desde las más sencillas a las más complejas. Los lazos se tejen y destejen, se agrandan o reducen dependiendo de muchas cosas. Cuando alguien nos abandona sentimos un gran desgarro en el estómago que nos deja sin aire. Ese desgarro viene provocado por la ruptura de aquellos lazos invisibles que nos unían. Hay un desgarro insoportable, un dolor. Ocurre lo mismo cuando muere alguien por el que sentías algo o tenías un vínculo especial. El dolor es provocado por esa ruptura invisible.

Ocurre también con los objetos, de ahí que muchas veces sintamos apego hacia ellos. Deshacernos de alguna cosa equivale a romper algún tipo de lazo. La práctica del desapego es compleja porque no siempre es efectiva. Siempre hay algo que nos une a lo otro, al otro. ¿Cómo olvidar a aquella persona que tanto querías? ¿Cómo se puede hacer eso si en algún tipo de plano etérico seguimos unidos, ya sea por recuerdos, por lazos de amor, por deseo, por una pasión o enamoramiento aún no apagado?

Cuando algo o alguien entra en tu vida con fuerza, es muy difícil deshacer esos lazos. Te pueden acompañar durante toda la vida, o incluso, podría decir que nos pueden acompañar durante vidas enteras, así, en plural, porque, ¿para qué vamos a limitar las experiencias sentidas al recuerdo de un instante? Esos lazos continuarán, se volverán a unir, volverán a pasar pruebas juntos. Por eso, cuanto antes logremos abrazar en paz al otro, antes podremos seguir avanzando.

Como ahora no tengo novias que rescatar ni amigos extraviados, pues, ¿por qué no rescatar un objeto vivo? La soltería tiene sus ventajas, y este año de soltería está dando muchos frutos. Llevo aquí unos días mirando el tiempo. Mañana no nevará y parece que saldrá algo el sol en el norte. Es un buen momento, antes de que empiecen las lluvias y las nieves, para subir al viejo Prius al septentrión. No podré reparar todas las averías que le han salido en estos últimos días, pero intentaré darle una pequeña vida junto a la cabaña, en agradecimiento por sus servicios, por sus viajes por tantos y tantos lugares. El lazo que nos une, ¿no es suficientemente importante para que nos demos otra oportunidad? ¡Ay ese empeño mío de rescatar siempre lo imposible! De intentarlo una y otra vez a pesar de todo, a pesar de los fracasos, de las rupturas, de las caídas. Uno siente una gran pena cuando mira las cosas y sabe que algún día perecerán. Todo, inclusive nosotros, dejaremos de latir, de caminar, de respirar, de existir. Pero ahí estarán los lazos, la vida que todo lo impregna, el sentir de que algo dejamos en este mundo. Mañana aventura. A ver si llegamos sanos y salvos.

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