Viento y locura


Yo sólo estoy loco cuando sopla el viento del Noroeste. Pero cuando corre hacia el Sur, distingo muy bien un halcón de un serrucho.

Hamlet, Acto II, Escena Segunda – William Shakespeare.

Diferenciar entre locura y cordura es complejo, excepto cuando sopla el viento. El viento está siempre asociado a todo tipo de trastornos mentales, a un aumento de la tasa de suicidios, las urgencias psiquiátricas, las depresiones y la ansiedad. Los científicos dicen que el viento tiene la capacidad de ionizar el aire, y el exceso de iones positivos afecta al estado de ánimo de todas las personas, especialmente a aquellos más sensibles. Esta es la explicación científica al viento de la locura, el viento de las brujas como lo llamaban antiguamente, ahora conocido como el efecto Foehn.

Lo cierto es que cuando los vientos agitan fuerte, puede ocurrir de todo. Hoy fue uno de esos días. Ayer cayeron las primeras nieves y empezaron los primeros soplos. El muchacho de la voz potente decía que empezaba a ver señales, que el final estaba cerca y que sería en el 2022, quizás un día siete de cualquier mes, pero sin duda, el final de la existencia humana, el apocalipsis, sería el próximo año. Yo le dije que un autor conocido había predicho que sería en el 2027. La «profecía» de J. J. Benítez es la siguiente: «un meteorito chocará con la Tierra en 2027 y habrá 1.200 millones de muertos». Él me miró incrédulo: “no, será el próximo año”.

Esta mañana tenía que lijar unas vigas. Poseía una cara desfigurada, ausente, diferente. Había algo en él que no estaba bien. Le vi marchar hacia el lugar donde tenía que hacer su tarea diaria, pero continuó caminando hasta un prado contiguo, dejando atrás su zona de trabajo. Allí, entre la hierba y el frío, con el titánico viento amenazante, se quedó inmóvil mirando al cielo. Por un momento me recordó a Rantés en alguna escena de la película “Hombre mirando al sudeste”. Era una imagen impactante.

Por la mañana habían sucedido cosas extrañas. Un cordero se estampó contra la puerta de acceso a la casa de acogida y rompió el cristal, así que durante unos días tendremos la casa abierta, entrando todo el frío y todo tipo de animales sin control: patos, gallinas, gatos, Geo… No supimos que había sido él hasta que horas más tarde vimos su cara llena de sangre. Al principio fue un estruendo que interrumpió, con el susto añadido, el círculo de consciencia. El muchacho de la voz potente lo vio como una indiscutible señal. Cogió algunas de sus cosas y se marchó.

Sin perder un ápice del equilibrio interior, sentí pena por esas almas perdidas, fruto muchas veces de las drogas o de una mala vida. Algunos podemos rescatarlos, otros se pierden para siempre en las lagunas de la memoria. Cogen sus cosas y sin aviso, se marchan en los días de viento. No siempre agradecidos por haberlos acogido durante meses, a veces incluso durante años.

Drogadictos, alcohólicos, emigrantes sin papales, enfermos mentales, depresivos, suicidas… La lista es larga, casi interminable. A veces hay éxitos, personas que dejan la bebida, que se reencuentran con su dignidad y rehacen sus vidas. Otras veces, como hoy, sentimos una sensación profunda de fracaso. Hicimos lo que pudimos, dimos un hogar, compañía y consuelo, techo y comida, pero no siempre es suficiente. A veces hace mucho viento, empiezan las señales y el fin del mundo parece cerca. Los renglones torcidos de Dios comienzan a configurar su peculiar deriva, con sus códigos, sus retahílas, sus secretos, sus interminables susurros, las voces, siempre las voces.

En sus mundos paralelos, no comprenden del todo nuestra inopia. ¿Cómo no podemos ver lo que ellos ven con tanta seguridad? A veces nos hacen dudar. Seguro que en otros mundos paralelos es cierto que vieron esas naves invasoras, ese apocalipsis, esa tierra plana, esas voces que susurran por dentro, esos meteoritos que caerán inevitablemente. Seguro que en algún lugar que desconocemos, esas realidades existen. Nosotros solo podemos advertir la nuestra y seguir acogiendo al desamparado, al perdido, a ese que un día coge la mochila y desaparece para siempre entre nieblas y vientos. A veces, en días de viento, unos vienen y otros van y nosotros, conmovidos, intentamos aunar todos los mundos en ese noble y esforzado servicio hacia los más desventurados errores de la Naturaleza.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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