Kumaré, encontrando al gurú interior



«Hay una grieta en todo, así es como entra la luz».
Leonard Cohen

En el desayuno en Ciudad Real, mi querida amiga P. me recomendó un documental que hablaba sobre los falsos gurús: Kumaré. Venía a cuento sobre los peligros que existen cuando el ego espiritual se apodera de aquel que se considera iluminado, y pretende a su vez iluminar al resto. Con el tiempo uno descubre de los peligros de los ciegos que se atreven a guiar a otros ciegos.  De ahí nace la gran enseñanza de la puerta estrecha, del arrodillarse humildemente ante la inmensidad antes de que la espada de la justicia corte nuestras cabezas. Se aprende inevitablemente a mirarnos al espejo interior para encontrarnos con nuestro verdadero enemigo: nosotros mismos.

Disfruté mucho con el documental, reafirmando la creencia de los peligros que encierran la ingenuidad, y el poder que se da a los falsos profetas. Cada vez creo más en la necesidad de “matar al Buda”, a la ilusión que desentraña esa, a veces fanática visión, de encontrar a un maestro, a un gurú que nos guíe por alguna senda.

Existen unos claros indicadores para separar la paja del grano. La más clara es la que dijo aquel verdadero maestro de maestros cuando nos advertía eso tan dicho de que por sus actos los reconoceréis. Las reglas para aspirantes, para discípulos y para iniciados están bien definidas, y quien las conoce, obra en silencio para poder desarrollar la búsqueda del verdadero gurú interior. Esa es la gran enseñanza de Kumaré, el falso gurú que de forma divertida inventó una doctrina para ver hasta qué punto un grupo de acólitos eran capaces de acreditarlo como un gran gurú.

Ya hemos dicho en diversas ocasiones que el verdadero gurú, más allá de practicar la inofensividad y la inevitable impersonalidad, no muestra nunca un camino o una doctrina. Más bien nos ayuda, mediante duras pruebas, en desapegado silencio e invisibilidad, a elevar nuestra mirada para que nosotros mismos hallemos ese camino, nuestro camino.

Atinar con esta enseñanza pasa inevitablemente por la gran renuncia, el gran acercamiento interior y el encuentro necesario con nuestro maestro interior, el maestro en el corazón. Solo cuando nuestra alma conecta con nuestra personalidad, cuando la misma se quiebra y se agrieta, entra la verdadera luz. Es entonces cuando se produce el milagro de sintonizar con nuestra familia espiritual y con nuestro trabajo grupal. Para cualquier otra senda, siempre tendremos la energía azul y la afirmación iniciática ¡Kumaré, Kumaré!

 

Pd. Para los que sientan algo de curiosidad por estas cosas, aquí os dejo una de las primeras reglas en el sendero espiritual, que muchos falsos profetas o gurús no son capaces de desarrollar, con los inconvenientes que eso conlleva:

Regla X: Los fuegos purificadores arden tenuemente cuando el tercero es sacrificado al cuarto. Por lo tanto, que el discípulo se abstenga de quitar la vida y que nutra lo más inferior con el producto del segundo.

Esta regla puede aplicarse a la conocida norma de que el discípulo debe ser estrictamente vegetariano. La naturaleza inferior se embota y densifica y la llama interna no puede brillar cuando se incluye la carne en la dieta. Esta regla es rígida e inviolable para los solicitantes. Los aspirantes pueden o no consumir carne, según prefieran, pero en cierto etapa del sendero es esencial la abstención de cualquier tipo de carne y es necesario vigilar con estricta atención la dieta. El discípulo debe limitarse a las verduras, cereales, frutas y legumbres, pues sólo así será capaz de construir el tipo de cuerpo físico que pueda resistir la entrada del hombre real que ha permanecido ante el Iniciador en sus vehículos sutiles. Si no hiciera esto y pudiera recibir la Iniciación sin haberse preparado de este modo, el cuerpo físico sería destruido por la energía que fluye a través de centros recientemente estimulados y surgirían graves peligros para el cerebro, la columna vertebral y el corazón.
No pueden dictarse reglas rígidas o ascéticas, excepto la regla inicial de prohibición absoluta -para todos los que solicitan la iniciación- de carnes, pescados, licores y el uso del tabaco. Para quienes pueden soportarla, es mejor eliminar de la dieta los huevos y el queso, aunque esto no es en modo alguno obligatorio; pero para quienes están desarrollando facultades psíquicas de cualquier tipo, es aconsejable abstenerse de consumir huevos y moderarse en el queso. La leche y la manteca entran en diferente categoría, y la mayoría de los Iniciados y solicitantes consideran necesario incluirlas en la dieta. Pocos pueden subsistir y retener todas sus energías físicas con la dieta vegetariana, pero allí está encerrado el ideal, y como bien se sabe, éste rara vez se logra en el actual período de transición.
A este respecto conviene recalcar dos cosas: primero, la necesidad del sentido común en el solicitante, factor del cual se carece frecuentemente, y los estudiantes deberían recordar que los fanáticos desequilibrados no son miembros deseables para la Jerarquía. El equilibrio, el justo sentido de proporción, la debida consideración de las condiciones del medio ambiente y un sensato sentido común, es lo que caracteriza al auténtico esoterista. Cuando existe el verdadero sentido del buen humor, muchos peligros pueden evitarse. Segundo, el reconocimiento del factor tiempo y la capacidad de efectuar lentamente los cambios en la dieta y en los hábitos de toda la vida.
En la naturaleza todo progresa lentamente, y los solicitantes deben aprender la verdad oculta de la frase: «Apresúrate despacio».

DK.

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