Permíteme hacer todo aquello de lo que soy capaz


“Dios es el pródigo que se derrocha a sí mismo”. Karl Rahnner

En 1871, perdidos en una aldea de la costa danesa, muy dominada aún por la más ferviente tradición puritana, dos hermanas solteras cuidan de la pequeña congregación, cada vez más menguante, que su reverendo padre dejó al morir. La repentina aparición de Babette, llegada desde París tras algunos infortunios, cambiará sus vidas para siempre. Babette es acogida con caridad cristiana como sirvienta y, años después, tras tocarle la lotería y poder si quisiera liberarse de ese afanoso trabajo, prefiere gastarse todo ese dinero, correspondiendo así a la bondad con que fue recibida, preparando una gran cena. El festín de Babette fue ganadora del Oscar a la Mejor Película de habla no Inglesa y nos sorprende por la fascinación de la idea de fugacidad de las cosas, del esfuerzo derrochado para que todo termine en un solo instante.

Pude ver la película tras la recomendación de la misma en un libro de próxima aparición en el que ahora estamos trabajando que trata sobre la Sabiduría de Jesús. Ayer mismo, tras llegar tarde y agotadísimo de una excursión con unos amigos del alma por los peligrosos bordes del río Ulla. El día anterior lo habíamos pasado iniciando en los misterios a un profano recién llegado. Espada en mano, y bajo los auspicios de la bóveda celeste, pudimos completar parte del edificio humano con una prometedora adquisición.

Solo llevaba unos días en los bosques, en mi pequeña cabaña, acurrucado de frío entre sábanas de franela, tras llegar de otro periplo por tierras del mediodía. Siento que cuando me muevo, como en los viejos tiempos, la vida circula y circula. Como en la película de Babette, solo deseo hacer todo aquello de lo que soy capaz. Como si la vida se fuera a  escurrir entre las manos y la urgencia de actuar fuera cada vez más exigente, aunque eso supusiera un sacrificio extravagante, como el de Babette.

Esta mañana se me ocurrió subir al amigo Geo, nuestro querido perro, al coche, y así pasearlo por media península como en los viejos tiempos. Me espera otro viaje de diez días para poner en orden algunos asuntos de diferentes índoles. Tras reparar el otro día el coche, de nuevo surge otra avería y un extraño ruido de motor. Ahora estoy en Mora, en la profundidad de la Mancha, muy cerca de Toledo, en una hermosa casa acogido por una bella alma que se apiada de esta vida mía. La idea es programar la escritura de un libro que haremos juntos. Estaremos aquí dos días trabajando y luego seguiré mi periplo hacia el sur, dejando atrás estas tierras rojas rodeadas de castillos, molinos de viento y olivares.

Pienso que este año, ante los malos resultados de la editorial debido a la crisis del Covid, tengo que reinventar de nuevo la manera de generar recursos. Así que estos viajes me permiten buscar aliados, generar ventas, promover libros y afianzar la posibilidad de que mayores contribuciones editoriales generen mayores ingresos. El único objetivo, lejano a la ambición personal, y quitando la necesidad imperiosa de cambiar de coche, es la de apoyar la construcción de la futura Escuela. Cueste lo que cueste, este año toca trabajar duro para equilibrar las cuentas y seguir haciendo, para ello, todo aquello de lo que sea capaz. Toca derrochar energías para, de alguna manera, volver a empezar. Y al final de la jornada, imitar a Babette y festejarlo todo en un gran banquete, fugaz, placentero, liviano. 

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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