El Hambre Grande y el Hambre Pequeña


“Y tu cuerpo es el arpa de tu alma,
y te corresponde a ti extraer de ella
música melodiosa o sonidos confusos”.
Kahlil Gibran

Nos cuenta Wayne W. Dyer en su libro El Cambio que los bosquimanos del Kalahari hablan de dos hambres, el hambre grande y el hambre pequeña. El hambre pequeña desea alimento para el estómago, para el cuerpo, para sostener aquí nuestra vida. El hambre grande es un hambre de significado. Lo que nos amarga profundamente es la falta de significado, el no saber que nuestra vida tiene un propósito vital importante, y sobre todo, el no tener capacidad para descubrirlo.

Nacemos inevitablemente para algo. No es cuestión de pensar que nuestro propósito vital consiste únicamente para mantener con vida la especie humana. Eso era esencial hace millones de años, incluso algunos miles. Pero algo ocurrió cuando perdimos la inocencia como especie y mordimos la manzana del conocimiento. Algo se abrió dentro de nosotros, una especie de puerta para que encarnara en nuestro cuerpo la consciencia, el alma de los antiguos, el espíritu que nos mueve y conmueve.

Es ahí cuando entendemos que más allá del propósito de saciar el hambre pequeña, de tener un trabajo e incluso una familia, existe una necesidad mayor, una necesidad de sentido, de propósito, de misión en la vida. Si solo fuéramos una especie de cadena transmisora de vida, sentiríamos en nuestro más hondo pensamiento que algo falta. Cuando la inteligencia que albergamos se eleva a cuotas profundas, sabemos discernir el hambre pequeña del hambre grande, y sucumbimos a una especie de revelación sobre la vida y la existencia: “hay algo más allá”. Nos decimos. Ese plus ultra de los antiguos.

Conectar con nuestro propósito, con nuestro sentido como individuos es complejo. Nos puede llevar una vida entera. La existencia podría concurrir entre nuestro nacimiento y el instante preciso de iluminación que nos otorga la capacidad de visionar ese propósito interior. ¿Qué es aquello que nos hace únicos e irrepetibles? Precisamente ese instante de lucidez, de letanía, de revelación. Es una sucesión de hechos que nos conecta irremediablemente con la esencia de lo que realmente somos, y no con aquello que creemos que somos. Si miramos a nuestro alrededor con profundo discernimiento, llegará un momento en el que seremos capaces de encontrar una respuesta firme a nuestra necesidad de existir, a nuestra necesidad de saciar nuestra hambre grande.

El hambre grande nos lleva hacia sendas imposibles, hacia éxitos con los que nunca habíamos soñado. Sueños realizados, promesas cumplidas, proezas alcanzadas. El hambre grande, la necesidad de sentido, nos conduce hacia la puerta estrecha de un mundo por descubrir. ¿Qué hambre es esa que empuja nuestras vidas? ¿El hambre grande o el hambre pequeña? ¿Qué es eso que realmente nos lleva a brillar con fuerza, a ser diferentes, únicos e irrepetibles? Buscar sentido a la vida es saciar nuestra hambre espiritual. Es volver a reencontrarnos con el mayor de los sentidos. Es escuchar el arpa de nuestro espíritu resonar temblorosa en nuestras vidas plenas.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: