Como pollo sin cabeza


Con cariño para Dolores, en su día de cumpleaños… :-). (Vamos a esperar)…

Decía alguien que, como Jesús hizo, podríamos vivir una simplicidad radicalmente inmanejable en la que no tuviéramos nada que retener, nada a lo que aferrarse, nada que abrazar. Todos los caminos del mundo, sean cuales sean, nos llevan al mismo lugar. No hay escapatoria. Ricos y pobres, altos y bajos, vagos y trabajadores. Al final todo se resume en un nexo que nos une como seres vivos. Solo nos queda elegir como queremos llegar a ese lugar. Hoy es un día propicio para hablar de ello. El día de los muertos, de todos los santos, el día en el que se celebra nuestro destino común.

Dolores cumplía años. A primera hora la llamé y nos reíamos un rato. Ella por su edad, que crece irremediablemente, y también por mí, que a pesar de mi vida, seguía como un pollo sin cabeza. La expresión y ocurrencia nos hizo reír. Nuestro mantra predilecto: “vamos a esperar”, se había transformado de repente en un hecho consumado. No hay nada que esperar porque los últimos años han superado cualquier relato de ficción, y la vida ha transcurrido alocada, como un pollo sin cabeza, como una impertinente intransigencia continua.

Es difícil explicar que esa aparente incoherencia está radicalmente afiliada a una vía de simplicidad, una especie de kénosis, o algo así como un sacrificio extravagante, inútil, quizás innecesario ante la mirada profana. Vaciar nuestra voluntad para entregar nuestras vidas a algo mayor, llámese Dios, Voluntad Divina o Misterio, puede resultar extraño en nuestros días donde los más inteligentes se entregan al dios Pan, al dios Dinero, y el resto, a lo que surja, sin mayor criterio.

Viendo el momento presente, el mismo instante de ahora, podría parecer inconexo. Llevo más de una semana durmiendo en un sillón, rodeado de cajas de mudanza, ayudando más etérica que físicamente -por ese brazo roto y casi inútil para según que cosas- a una amiga que lo deja todo para irse a vivir a una pequeña cabaña en un perdido bosque. Hoy hemos cogido el coche sin tubo de escape y hemos notado que fallaba algo más, sin saber exactamente qué. Llenamos el coche de cajas y lo encerramos en un parking público hasta que mañana emprendamos el viaje. Esta noche, bien tarde, enviaré una nueva novedad editorial a la imprenta. Lo cierto es que el estar alejado de los bosques, recluido en esta sureña casa durante unos días, me ha permitido poner cierto orden en la editorial. Una prudente y lejana distancia sobre tu lugar de origen siempre es inspiradora.

El pollo sin cabeza es un relato apocalíptico de una situación penosa. Sin embargo, interiormente la vivo con cierta alegría, desapego y simplicidad. Ser un monje mendicante tiene sus desventajas en este mundo del dios Pan y del dios Dinero. Pero nadie sabe aún de las ventajas que se atesoran en otros reinos. El tiempo y el espacio es otro, la vida es otra cuando las polillas temporales no pueden roer ningún tesoro temporal. La muerte, y hoy hablamos de eso, nos espera en cualquier momento, y la elección de cómo llegar a ella, como un siervo o un guerrero o un sacerdote o un avaro o un tirano o un mendigo o un ignorado y apócrifo peregrino es lo que determina la diferencia.

¿Quién es nuestro pastor en la travesía de nuestra vida? ¿A quien debemos nuestro tiempo, nuestros caminos? ¿En qué lugares de delicados pastos descansaremos? ¿Junto a qué aguas y de qué fuentes beberemos? ¿Qué es eso que confortará nuestra alma y nos guiará por sendas de justicia, amor y libertad? Aunque ahora andemos por los valles de la sombra y de la muerte, ¿qué vara y qué cayado infundirán en nosotros fuerza y coraje, aliento para el caminar? ¿En qué casa, en qué lugar, moraremos plácidamente mientras esperamos a que los caminos se junten?

Quizá esta vida loca y sin conexión alguna con la aparente realidad del dios Pan parezca propia de un pollo sin cabeza, pero en el fondo, a pesar de las interminables angustias que todo peregrino pueda acarrear, existe una claridad, una sincera visión de la Gran Obra. Y como constructores silenciosos, marcamos afanosamente nuestra marca en cada piedra cúbicamente labrada. Todo eso en sigilo y silencio hasta que algún día, alguien, desde lejos, pueda ver que aquellas piedras aparentemente inconexas, respondían a un trazado justo y perfecto y que allí, en aquellos lugares de delicados pastos, ser irguió una réplica de la Gran Obra, una simplicidad radicalmente inmanejable, como aquel Jesús de hace dos mil años que alguien decidió crucificar por no entender nada de su impertinente mensaje.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: