El maestro secreto


Imagen de un maestro secreto creada por el amigo Joan

Una antigua tradición enseña que cuando llegas a una cierta maestría, te conviertes en “maestro secreto”. Lo primero que el camino de la consciencia enseña es el arquetipo del silencio. Uno debe aprender a callar, a mirar observante como se progresa y trabaja afanosamente desde la humildad y el silencio. Más tarde, cuando uno ha conseguido tener cierto dominio sobre sus ruidos interiores y el silencio gobierna nuestros mundos, se aprende a discernir, mediante la sabiduría y la guía del conocimiento.

El conocimiento y el estado meditativo otorga cierta maestría interior que más tarde se traduce en servicio. El dominio de la materia, de las energías y ánimos, de las emociones y los pensamientos nos permite tener más tarde cierto dominio sobre las circunstancias y la vida en su conjunto. Esa maestría, cuando se pone al servicio de los demás, y no hacia asuntos de índole vanidoso o egoísta, te hace volver al inicio del camino de la consciencia: el silencio.

En ese recorrido del eterno retorno es cuando uno consigue la maestría secreta y se convierte en un maestro secreto, silencioso, invisible. Nadie puede percibir nada, nadie puede comprobar nada porque carece de la visión para comprender ese secreto de invisibilidad. Un maestro secreto actúa humildemente, sin destacar, sin proyectar nada, sin herir. Su afán consiste en caminar sigilosamente por el jardín humano, cuidando de sus flores. Desapegado de cualquier acción o resultado, involucrado en los asuntos mundanos, convirtiendo su espiritualidad en una brillantez personal, compartida, lúcida.

Al maestro secreto solo se le reconoce entre iguales. Es prudente, disciplinado, discreto, paciente. Su trabajo es invisible a los ojos profanos. Actúa siempre con esa máxima de que su mano derecha no sepa lo que hace su mano izquierda. Los iguales saben de su estrella porque está consagrada al servicio. Servir, servir, servir. Ser útiles allá donde van, allá con quienes estén. Amables, serviciales, cordiales. Hay personas, aunque no lo creamos, que consagran su vida a mejorar la vida de otros. Al hacerlo, se mejoran a ellos mismos. Y con ello, mejoran la humanidad. Es gracias a ellos que nosotros aprendemos, que nosotros nos engrandecemos, que nosotros podemos seguir sus pasos. Hollar el sendero del servicio, comprobar que nada puede ser mejor que imitar la generosidad de un Sol, el cual jamás le pide de vuelta a la Tierra todos sus rayos, sus vidas, su calor, su luz.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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