Divergentes



El tubo de escape se había caído y el coche hacía mucho ruido. Me dolía la cabeza en las primeras dos horas de viaje. Se me ocurrió poner la radio bien alta. Funcionó hasta que llegué a los Picos de Europa. Allí la radio casi no se podía escuchar. El mecánico no encontró la pieza. Los vehículos antiguos son difíciles de reparar, y cada vez más costoso. Es el ocaso de la vida. A cada paso, a cada movimiento, todo cuesta más y más.

Mi primer encuentro divergente se produjo cerca del puerto de A Coruña. Había conocido hacía poco a una persona disidente, que brilla con luz propia, y queríamos hacer algo juntos. Trabajamos todo el día sobre la idea y ahora esperamos crear un equipo que permita sacar brillo a nuestros trabajos y esfuerzo. Ella dejó un negocio próspero porque descubrió que en la vida, más allá de ganar dinero, hay que ganar luz interior. Espero que nuestra colaboración de resultados hacia ambas direcciones, hacia dentro y hacia fuera. Es hermoso encontrar gente luminosa con la que poder colaborar.

Apuramos hasta el último minuto ya que, en el lenguaje simbólico, a “medio día en punto” había quedado en el taller para labrar la piedra bruta. Si por la mañana me desperté en una humilde cabaña disfrazado de granjero, ahora tocaba ponerse el traje de gala, en pulcritud oscura, con su corbata y camisa blanca bien planchada. Un mandil por aquí, una escuadra por allá, y el príncipe de la rosa y de la cruz resurge de nuevo. Así estuvimos hasta “media noche en punto”, construyendo parte del templo humano, e intentando gestionar el misterio desde los preceptos de lo iniciático.

Muy de noche dejé A Coruña dirección noreste. Me dio sueño a las dos de la madrugada junto a Luarca, en la bella Asturias. Me hubiera gustado parar a visitar a viejos amigos que viven por allí, pero están en sueños. Busqué un rincón en la cuneta, guardé el traje de gala, saqué un pijama de rayas azules que casualmente había metido en mi pequeña mochila, abrí el saco de dormir, me recosté de cualquier manera en el coche y me marché cansado a los brazos de Morfeo. Aunque dormí poco y mal, me sentí reconciliado con los viejos tiempos, cuando viajaba de aquí para allá durmiendo donde me pillara la noche en este coche aventurero con más de un millón de kilómetros bajo sus espaldas. Ahora se me cae a piezas, pero pensé que quizás podríamos vivir alguna que otra aventura antes de decirle adiós para siempre.

Mi tercer encuentro me esperaba en la hermosa bahía de Santander. Una amiga de la infancia, divergente y disidente desde hace muchos años, alejada de los cánones establecidos y preparándose interiormente para el final de algún tiempo que tarde o temprano llegará. Es hermoso ver cómo hay amigos que perduran, amigos que se convierten con el pasar de los tiempos en hermanos, en confidentes, en sublimes aliados.

Ahora descanso en un lugar privilegiado en Torrelavega, en la comarca del Besaya, en Cantabria. Mañana me espera un día importante con los amigos “del grado amigable” y debo estar preparado para recibir la marca. Una vez terminados mis trabajos en este lugar, marcharé dirección sur, donde otras aventuras y encuentros con hombres y mujeres notables me esperan. Lo milagroso de la vida, que siempre se encuentra al acecho, será bienvenido como siempre. Sin tubo de escape, seguiré la ruta hacia el mediodía, esperando que la luz del austro colme de vida e inspiración estas andanzas.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: