De cómo los impuros ahora pueden pasear


Las 850 vidas humanas que nunca más pudieron pasear. Las víctimas de ETA que no tuvieron la oportunidad de vivir en libertad.

 

A estas alturas ya sabemos, o al menos intuimos, que las patrias y las naciones son una construcción cultural y sentimental, una entelequia que pretende dividir a unos contra otros y cobijar a los nuestros por encima de los ajenos. Es un imaginario, y más allá de ese imaginario, no hay nada.

Por suerte, en algunos lugares se está cayendo el velo, desmesurando la mentira y alejando la perversidad de creer en espectros territoriales, fronteras, alambiques ideológicos, alambradas, muros y banderas. Por suerte las nuevas generaciones, especialmente desde hace diez años en nuestro país, ya no dan la vida por ninguna patria, ni la pierden a causa de ninguna nación. Lo trasnochado es sacar una bandera al balcón, sean del color que sean. Y por suerte, ya no se mata a causa de dichas banderas.

En nuestro país ya no existen Sicariis, ni Hashshashinni ni Jacobinos. Al menos desde hace tan solo diez años. La vida tiene más valor que la muerte. El color del paseo veraniego sobre cualquier playa azul es más valioso que el color de cualquier bandera. Es cierto que la paz no es pura, que el odio de unos y la rabia de otros aún rezuma en algunos corazones y que aún existe cierta sensación de división, de puros e impuros, de entre bastardos y legítimos. Quizás en diez años más, o en veinte, o en cincuenta, eso deje de existir.

Al menos ahora los impuros pueden pasear por las calles sin ser aniquilados, asesinados vilmente. Eso ha sido un gran logro de nuestra civilización. Ya no hay sicarios, ni a sueldo de una mano oscura ni a sueldo de una ideología. El terror, la sangre y el odio extremo han sido desterrados. Sí, eso ha sido un gran avance que hay que celebrar. No podremos olvidar el daño, no podremos arrinconar la pérdida. Pero sí podremos pasear libremente, sin mirar atrás de forma desconfiada, solo mirando hacia adelante, pausados, tranquilos, confiados. Sí, un gran logro de nuestra civilización el poder pasear tranquilamente, aún siendo impuro.

Camino, perseverancia, presencia, visión. Queda mucho recorrido para que el ser humano se complete. Para que la tierra sea tierra y el cielo solo sea cielo y nadie sea dueño de nada excepto de su propia elección vital, de su propia vida. Aún queda mucho recorrido para que la libertad humana encuentre su más grande horizonte. Pero al menos, y esto es un gran logro civilizatorio, en este pequeño rincón del mundo, ya se puede pasear.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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