El desapego de las almas errantes


La personalidad es una distorsión de lo que realmente eres
Sraddha

Cuando haces una mudanza o cuando tienes un accidente o una ruptura sentimental comprendes profundamente el significado de la palabra desapego. Bajo el prisma de esas experiencias, esas que nos destruyen o nos vuelven más sabios, comprendemos al final de esta la importancia de no aferrarnos a nada. Descubrimos la sofisticada ley de la impermanencia, donde nada perdura, donde todo se transmuta, donde lo único que permanece realmente es el cambio.

Las almas son errantes. Deambulan de un lado para otro, de una vida a otra, de una tierra ardiente a otra. Desearíamos aferrarnos a la comprensión de esta creencia, y una vez instalados en ella, actuar como si realmente fuéramos almas. De ser así, todas las cosas se verían de forma radicalmente diferentes. Lo que antes era importante, ahora dejaría de serlo. Tener riquezas o vivir en la pobreza solo serían experiencias. No marcarían el designio de nuestras vidas, porque lo experiencial se puede potenciar cuando tenemos sentido real de su significado. Desde esta otra lógica, entenderíamos que la mayor riqueza sería disponer de nuestro tiempo, y hacerlo a nuestro antojo, de forma libre y desapegada.

Nómadas, errantes, peregrinas. Así son las almas, y así deberíamos ser nosotros. Nuestra vida limitada es un escaparate de posibilidades. Podemos en cada momento elegir radicalmente una nueva forma de vivir, una nueva existencia. Podemos potenciar las experiencias a sabiendas que nos aportarán algún tipo de conocimiento, de miel espiritual. El aprendizaje nos hará crecer hacia alguna parte. Quizás hilaremos los sentidos, afinando cada uno de ellos, y conjugándolos hacia percepciones mayores. ¿Qué encuentra uno cuando mira como alma, cuando siente como alma, sin las limitaciones de la personalidad? Uno se encuentra con la volatilidad de la vida. Como cuando vas a un parque a echar de comer a las palomas, observando lo que ocurre cuando se termina la comida de la bolsa. O como cuando nadas por un río y te dejas llevar por la corriente, como hacen al comenzar el verano en el Ródano los jóvenes ginebrinos.

Lo único que permanece es el cambio. Y cuando no aceptamos esta máxima, sufrimos. Lo que aparentemente era un problema -un accidente, una pérdida, una ruptura- se empieza, tras el demoledor sufrimiento, a convertir en más problemas. No nos enseñan a practicar el desapego. Un alma no tiene más remedio que abrazar esa verdad. Un alma se enfila con su mirada a la tierna sensación de lo perenne en lo inconmensurable. Es la personalidad la que sufre cuando pierde la riqueza, cuando pierde una relación, cuando pierde la salud. Una mirada desde el alma entiende que todo eso no son pérdidas u obstáculos, sino experiencias.

Es difícil entender lo que realmente somos. Por eso nos aferramos a la seguridad de lo que no somos. La seguridad pervierte la libertad de nuestro ser esencial. Nos reprime, nos obliga a falsear la vida, a perderla por algo que nos aleja de lo primordial. Ser como almas, sentir como almas, vivir la vida como almas. Solo de imaginarlo debería ser suficiente para transformar nuestras vidas.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Una respuesta a «El desapego de las almas errantes»

  1. Los hindús, es el lema de su existencia…por tanto, sin el apego material, sentimental y demàs……conviven de otra forma, válida como otros pensamientos de vida! Son felices…….de esto se trata! La felicidad es la cumbre que todos deberíamos alcanzar……..sin trasfondos, falsedades, y no querer aparentar lo que no eres!

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