El problema de la educación


“Dejen correr la imaginación por un momento, e imagínense cómo será el mundo cuando la mayoría de los seres humanos se dediquen a hacer el bien a “otros”, y no se ocupen de sus propias metas egoístas”. Alice Bailey

La cooperación, la compasión y el amor-sabiduría deben ocupar el lugar de las hasta ahora predominantes y valoradas cualidades de la competencia, la autoafirmación y la separatividad. Con esta frase podría resumirse ampliamente el problema de la educación y de la infancia. Podemos decir que los problemas de la humanidad se atajarían si tuviéramos la posibilidad de transformar profundamente todo nuestro sistema educativo. Un sistema educativo gratuito, profundo y universal, entendiendo por universal, capaz de llegar a todas las esferas de la vida humana, a todos los países y a todo el mundo por igual.

Educar en valores como el apoyo mutuo, la cooperación, la inofensividad e inclusive el decrecimiento y la simplicidad voluntaria podrían ser motivos para que las bases de la futura humanidad pudieran cambiar en varias generaciones. El problema de la infancia es básicamente un problema de pedagogía en valores. Educar en valores es pensar en un mañana esperanzador.

No solamente es un problema de educación, sino también de pobreza. La infancia de muchos niños no puede ser consolidada educacionalmente cuando no tienen comida que llevar a la boca. Gran parte de la infancia mundial vive en los umbrales de la pobreza. Erradicar la pobreza extrema es uno de los grandes retos de la humanidad, y para ello, es necesario también una reeducación a gran escala en los adultos, en los gobiernos avanzados y en las políticas de cooperación internacional, con la intención de poder asentar las bases hacia una nueva organización de la riqueza.

Desarrollar de forma paralela una nueva educación y una nueva pedagogía centrará la atención de los nuevos métodos y profesorado. Enseñar a ciudadanos del mundo, a personas libres de prejuicios, de racismos, de estrecheces mentales, de dogmas, de filiaciones políticas, profundizando en el libre pensamiento y en el libre sentimiento. Educar en la rica diversidad de todas las civilizaciones y culturas humanas nos ayudará a convertirnos en parte de esa familia universal, amando nuestra cultura particular, pero haciendo ese amor expansivo hacia las demás culturas y formas de entender el mundo.

La educación debería ser holística. Debería empezar por nuestros hogares, ampliarse a nuestro ámbito familiar y vecinal y seguir por los derroteros de lo universal. Al mismo tiempo, la educación debería ser también espiritual, entendiendo espiritual como la indagación y exploración interior sobre cuestiones fundamentales en el ser humano que atañen a nuestro devenir, nuestro contacto con la naturaleza y con los cuestionamientos básicos de nuestra vida en el planeta. La muerte, la vida y el amor deberían ser sostenidos por esa mirada interior, libre y desapegada.

Nuestra conducta, nuestras emociones y nuestros pensamientos deberán reconvertirse en posibilidades de estudio, de aprendizaje grupal y de excusa para potenciar nuestras cualidades y potencialidades. De ahí la importancia de educar en lo bello, lo verdadero y lo bueno como requisitos para una nueva educación. Las fallas de la educación actual han sido basadas en una mentalidad competitiva, nacionalista y potenciada en el orgullo y la avaricia. La codicia, la ambición y el orgullo son la base de nuestra educación actual, basada en la rapiña, destrucción o invasión de unos pueblos sobre otros o el desprecio del otro como enemigo.

En el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO se dice: “Dado que las guerras comienzan en las mentes humanas, es en las mentes humanas donde se deben construir las defensas de la paz”. Es por ello que la educación debe basarse en los valores y principios de la paz. Crear personas comprensivas y amorosas libres de todo tipo de egoísmo y corrupción interior será el futuro que deberemos construir juntos. Ayudar a crear personas que tengan integrado dentro de sí la responsabilidad de dar, de recibir, de ser abierto, tolerante y libre ,será tarea para las futuras generaciones. Ayudar a los niños de todo el mundo en la tarea de ser los custodios de un tiempo y de un mundo que hemos heredado, y que debemos cuidar y mejorar. Es necesario encontrar nuevos caminos, nuevas visiones, y en ello, la educación abrirá puertas a esos nuevos universos.

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