Las cuatro libertades


«Libertad de culto», de Norman Rockwell

CONSIDERANDO […] que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del ser humano, el advenimiento de un mundo en que todos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias. (Declaración Universal de los Derechos Humanos).

El “Discurso de las cuatro libertades” fue pronunciado por el presidente Roosevelt en 1941. Es una síntesis de las “cuatro libertades humanas esenciales”, de las cuales la Carta de las Naciones Unidas se hizo eco: la libertad de expresión, la libertad religiosa, la libertad de vivir sin penuria y la libertad de vivir sin miedo

Es paradójico pensar que un tiempo después debamos tirar de la nostalgia para recordar esos valores que ahora parecen tan difíciles, irreales e imposibles. La crisis del Covid nos ha demostrado que ya no tenemos libertad de expresión ante la inmensa y universal censura en la que estamos envueltos. No existe una completa libertad de sentimiento espiritual o religioso, ya que de alguna manera ese sentimiento se ha pervertido y superficializado hasta el extremo de estar estigmatizado. Vivimos cada vez más en la penuria más espantosa. Un mundo lleno de cosas a costa de ser esclavos de las mismas. Y vivimos con miedo. Miedo a atentados, miedo al cambio climático, miedo a las pandemias, miedo al vecino, al extranjero, el emigrante…

De alguna manera vivimos en la tiranía de la meritocracia. Si no tienes éxito de cualquier tipo eres un auténtico fracasado. Ahí no importan las libertades, pues alejados de toda moral y ética, lo único que importa es vencer, ser el mejor, ser el primero, aunque sea ser el primero en un mundo mediocre. La meritocracia delega al inframundo del olvido a todo aquel que no participe de ella. Lo margina, segrega y separa hasta el punto de ignorar cualquier tipo de justicia, corrompiendo todos los ideales de libertad.

La libertad es elegir todos los días entre el argumento de la corrupción y el argumento de la justicia. La corrupción de nuestro sistema y de nuestra participación en el mismo, el cual cada vez socava más las libertades individuales, o la justicia de luchar constantemente para que eso no ocurra.

En un segundo ciclo de mayor comprensión, la corrupción del egoísmo, que nos lleva al aislamiento y a la reclusión más absoluta, olvidándonos del otro, de la justicia y del valor de poder apoyar, ayudar y animar al otro a realizarse bajo la más alta de las aspiraciones humanas. El advenimiento de ese nuevo mundo al que todos aspiramos debe venir de la mano de la justicia, la generosidad y la libertad más absoluta teniendo siempre presente un mundo humano unido.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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