Reflexionen sobre esto


Este escrito es solo una insinuación y una invitación. Somos monjes vestidos de modernidad. Nuestro monasterio es un sencillo bosque. Tenemos una pequeña ermita donde meditamos al alba y en el ocaso. Oramos en silencio, rezamos a los dioses de la naturaleza y dejamos que el Absoluto obre su milagrosa creación en las cosas sencillas. Como los antiguos monjes, también dedicamos horas y horas al estudio, y también a la edición de libros extraños, iconos de la espiritualidad. No ganamos dinero con ello porque no nos mueve un móvil mercantilista. Vivimos de la mendicidad, somos monjes mendicantes, afanados en la pobreza de cada día con el deseo de absorber las riquezas del alma y ayudar con ello al prójimo.

En los trajines de la vida monacal tenemos una casa de acogida. Los monjes de todos los tiempos, los verdaderos monjes, entendían que el ora y la sapientia debían venir acompañados del labora y la caritas. La caridad está mal entendida, por eso a nosotros nos gusta llamarla servicio. Acoger al desconocido, al pobre de espíritu, al que busca la luz entre tanta sombra. Acoger es renacer a la esperanza. La virtud de la acogida enriquece el espíritu de todo ser humano. Es un testimonio vivo de que todos somos hermanos, y de que abrir las puertas de tu casa al desconocido es una obra de esperanza en nosotros. El testimonio de una disponibilidad que muestra una actitud de servicio engrandece nuestra naturaleza a veces ruin y egoísta. La acogida ofrecida con humildad y paciencia despierta empatía y confianza en nuestra condición ancestral.

De alguna manera nos sentimos discípulos en probación. Somos probados todos los días ante los infortunios de la vida. Los discípulos en probación nos acercamos a la deriva de la equivocación, del error, de la caída. Nos levantamos una y otra vez y buscamos luz al mismo tiempo que deseamos ofrecerla.

Editamos en esa búsqueda libros inspiradores que arrojan ánimo a la mente curiosa, y también guía. “Reflexionen sobre Esto” es una invitación a la ciencia del alma, a la ciencia que ordena la investigación inteligente sobre las causas del misterio. No basta con pensar a Dios, no basta con servirlo, debemos esforzarnos en conocer todos sus secretos, todos sus misterios. Esto solo es posible mediante la especulación filosófica o la intromisión en los secretos arcanos, en la sabiduría perenne de todos los tiempos. Los libros azules nos ayudan a desentrañar parte de esos misterios, y este recopilatorio, el segundo que editamos junto a “Sirviendo a la Humanidad”, nos ayuda a entender la vasta obra de un hermano avanzado a su tiempo. Así se expresan las palabras que luego deberán convertirse en verbo, en casa viviente:

“Gran parte de la enseñanza dada es nueva en su forma, y otra lo es de hecho. Pero hay algo que surge con claridad, y es que las antiguas reglas a las que fueron sometidos los discípulos en el transcurso de los siglos, son aún válidas, pero susceptibles de nuevas y con frecuencia, distintas interpretaciones. El entrenamiento que se dará en la próxima nueva era, estará de acuerdo con el desarrollo más avanzado de la época. Siglo tras siglo el progreso evolutivo presenta una constante madurez y un continuo desarrollo de la mente humana, sobre la cual el Maestro puede trabajar. En consecuencia, las normas del discipulado son cada vez más elevadas. Esto exige en sí, un nuevo acercamiento, una más amplia presentación de la verdad y una mayor libertad de acción del discípulo. El elemento tiempo también es distinto. Antiguamente el Maestro hacía una insinuación al discípulo, o le seña­laba un punto sobre el cual reflexionar y meditar, o le sugería la necesidad de algún cambio en el hábito de pensar. Entonces el discípulo se retiraba -a veces durante años o una vida entera-, cavilaba y reflexionaba, procurando cambiar su actitud sin sentirse presionado. Hoy, en esta época de mayor celeridad, en que la demanda de ayuda por parte de la humanidad es tan manifiesta, la explicación es reemplazada por la insinuación, y se le confía al discípulo información que antes se mantenía en reserva. Se considera que el discípulo ha llegado a una etapa de desenvolvi­miento en que puede hacer sus propias decisiones y avanzar con más rapidez si lo decide.”

https://www.editorialdharana.com/catalogo/reflexionen-sobre-esto?sello=nous

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