El dilema de las emociones y el dolor


Hay cuatro caballos salvajes que tiran de nuestro carro anímico, de nuestra vida, de nuestra alma: el de las necesidades materiales, el de las necesidades anímicas, el de las necesidades emocionales y el de las necesidades mentales o intelectuales. El carro representa el cuerpo que sostiene al jinete, a nuestra alma. A veces ocurre que perdemos el control sobre esos caballos, o vemos cómo cada caballo tira para una dirección diferente. Es ahí cuando nace el dolor, la pena y la tristeza.

Miedo, inseguridad, ira, tristeza, amor, alegría, son solo emociones que nos hacen sentir vivos. Sentir es sabernos vivos. Se expresa muy bien en la película distópica Equilibrium: sentir es tan vital como el respirar. Sin amor, sin ira, sin tristeza, la vida es solo un reloj de arena. Y el dolor nos permite crecer, ampliar horizontes y discernir sobre aquello que nos conviene para nuestro progreso.

Los sentimientos son amplios y provocan sed. Esa sed solo podemos saciarla entregándonos a ella. Sin mesura y sin control las emociones son un caos. La posibilidad de abrazarlas, de gestionarlas, de poner cierto control sobre ellas sin intentar anularlas debería ser nuestro reto. Coger las riendas de nuestra vida y domar a nuestros cuatro caballos salvajes, insaciables, buceando para ello en nuestro propósito vital, es la proeza.

Hay un orden ético y moral en nuestras vidas, pero también hay un orden material, vital, emocional, mental y espiritual. A cada caballo hay que alimentarlo de diferente manera. Cuando uno siente una profunda depresión, una profunda tristeza, debe alimentar a su caballo anímico y emocional con especial atención. Debemos atender sus necesidades de igual forma que cuidamos de un niño. Con paciencia, amor incondicional y fortaleza interior para afrontar todo ese devenir disruptivo que nace de cada proceso existencial.

El dolor, el sufrimiento, la tristeza, son emociones que provocan un esfuerzo ascendente de aprendizaje, de contacto con la realidad, de reajuste de nuestras vidas. En este universo de incertidumbre y duda en el que vivimos, un universo cada vez más volátil y líquido, debemos aprender a reorientar nuestras emociones no como algo negativo o penoso, sino como algo que nos acerca a la continuidad del Logos, como una línea de mayor resistencia que nos empuja hacia la cima de lo que somos.

No hay que avergonzarse por estar triste o depresivo. La alegría y la paz interior, junto al amor y la empatía son emociones que siempre nos gusta compartir. Pero no debemos avergonzarnos de otras emociones que expresan dolor o depresión. Esas emociones son un proceso alquímico que mediante el fuego interior aprisionan y destruyen todo aquello que nos impide avanzar. El jugo de la existencia es encontrar aprendizaje donde otros solo ven decadencia, pérdida o ruina.

El dolor es como un arder en la hoguera para luego reinventarnos en la frescura del agua de la vida. El sufrimiento es como viajar a un país lejano donde nos vamos a encontrar de golpe con las riquezas de la eterna generosidad. El árbol sufre con la pérdida de las hojas marchitas, pero resucita en cada primavera para generar más vida y esplendor. Las emociones tienen sus ciclos, sus influencias astrales y estelares, sus ritmos. Identificarlos, abrazarlos y apaciguarlos con el aprendizaje nos ayuda a vencer y sentir la vida. La utilidad del dolor y el sufrimiento es muy útil para el alma humana.

Cuando caemos en barrena, en depresión, es una oportunidad para viajar de la oscuridad hacia la luz, de la esclavitud a la más sublime liberación y de la agonía, a la más sincera paz. El dolor es como un guardián que nos advierte de los peligros de la vida, que nos aleja de aspectos y personas indeseables para nosotros, provocando el rechazo automático hacia aquello que ya no resulta útil para nuestra evolución. El dolor, la pena, la tristeza, el sufrimiento, son agentes purificadores que liberan nuestra alma. Si lo miramos desde esta visión y lo abrazamos, estaremos preparados para volver a escalar hacia las cimas de nuestro espíritu.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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