Aquel día en el que nació en nosotros la era de Acuario


AQUARIUS, La quinta dimensión con Subtítulos en español.

 

“Para ver un mundo dentro de un grano de arena y el cielo dentro de una flor silvestre, sostén el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora”
William Blake

¿Os acordáis de aquel momento en el que la persona que os gustaba se marchó con otro y sentisteis cierta paz? ¿Os acordáis cuando parecía todo roto e imposible y de repente la vida brilló como nunca lo había hecho? Ese momento en el que todo parecía perdido y de repente te veías danzando en plena ciénaga, en pleno Apocalipsis como si todo el poder del universo recayera en ti.

Era aquel día en el que la luna estaba en la séptima casa y Júpiter estaba alineado con Marte. Era el día en que la presión de Barg y la electronegatividad del neón se alinearon para guiar la paz de los planetas y el amor universal se consolidaba como la única dirección hacia las estrellas, como la única esperanza posible.

Ese día fue el augurio del auténtico amanecer. Armonía y entendimiento parecían la nota clave de todo ese sentir, de toda esa explosión de poder. La confianza y la simpatía entre los diferentes reinaron por un instante que se hizo infinito. Un infinito sostenido en la palma de la mano, una eternidad que se expresó en aquel momento de lucidez, viendo el mundo dentro de un grano de arena y el cielo entero dentro de una flor silvestre, sosteniendo esa momento único e irrepetible en un rayo de luz cegadora, sempiterna.

Las falsedades y las crueldades parecían alejadas. El dolor, la ira, el engaño, la desilusión. Y sí, nos gustaba aquella persona, pero se marchó para siempre, como si un mar entero la hubiera engullido, como si en esa dejadez y descuido el mundo, en vez de venirse abajo, se reinventara. Amábamos su sonrisa, sentíamos sus abrazos mientras huía hacia otro mundo, hacia otros brazos, había otra vida, hacia otros molinos de viento que la empujaban al septentrion.

Visiones y sueños dorados amanecieron en aquel día de absoluto dolor y abandono. Como si todas las revelaciones del cristal místico nos hubieran hecho comprender el sentido de la vida y todos nuestros pensamientos encontraran la verdadera liberación. Algo poderoso estaba pasando en nuestras vidas y no éramos conscientes de ello.

Dejaste que la luz del sol entrara en ti. Que entrara la luz del sol y de todas las estrellas. En las situaciones más terribles, en los momentos de dolor más extremo, no miraste hacia abajo, miraste hacia arriba y contemplaste la inmensidad del universo. Dejaste que brillara lo más fuerte, lo más poderoso, lo más heroico que hay en ti. Abriste el corazón y cuando no pudiste más, dejaste que la luz del sol cumpliera con su misión más reveladora.

Cuando estuviste solo, abatido, derrumbado, inmerso en la más profunda de las cavernas, te alejaste de esa oscuridad doliente y huiste hacia la luz. Cuando sentiste que habías sido maltratado y todo el mundo se alejaba, resplandeciste.

Es cierto, se marchó, pero al hacerlo, ante la inmensidad del dolor y la impotencia del devenir, resplandeciste. Es ahí, cuando esa persona amada nos abandonó y supimos restablecer nuestra vida desde la compasión y la fe incondicional, cuando empezó en nosotros la verdadera era de acuario. Fue en ese instante cuando pudimos sentirlo, abrazarlo y vivirlo para siempre. Fue ahí cuando entendemos toda la complejidad del cosmos absoluto. Como si todo estuviera contenido en un grano de arena y el cielo dentro de una flor silvestre.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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