Dame la perseverancia de las olas del mar


 

Dame la perseverancia de las olas del mar, que hacen de cada retroceso un punto de partida, para un nuevo avance. Gabriela Mistral.

Nunca pensé que jugar al pimpón fuera un deporte de alto riesgo. El resultado de una caída tonta fue la fractura del húmero proximal izquierdo. Romperse un hueso es muy doloroso. En diez días me dirán si me tienen que operar. Me esperan unos meses de recuperación y rehabilitación, de reposo, quietud y reflexión. Postrado en la cama es poco lo que se puede hacer. Estoy escribiendo este texto gracias al dictado del procesador de textos. Todo se hace difícil cuando la vida te pide quietud, y de alguna manera te obliga a ella.

Los amigos de este lugar me ayudan con todo. Me hacen las comidas, me ayudan con el aseo… Un autónomo no puede permitirse el lujo de dejar de trabajar. Pero en estos momentos me resulta casi imposible hacer cualquier tipo de trabajo. Hasta leer un simple libro resulta una tarea compleja. El dolor consume cualquier tipo de ánimo. Las noches se hacen eternas, sin poder dormir por el dolor y las molestias. Cambiando de postura cada diez minutos, soportando el peso de las horas, segundo a segundo, minuto a minuto.

Me pregunto qué ocurre con esas personas que están solas y no tienen a nadie que les ayude en momentos de enfermedad o crisis. Me pregunto qué ocurrirá con esta generación que no ha tenido hijos y me pregunto cómo envejecerá. Ahora que la institución familiar está desapareciendo, me inquieta pensar qué será de nuestras vidas cuando seamos mayores y nadie pueda hacerse cargo de nosotros. El movimiento de los singles se tendrá que enfrentar algún día a esa realidad.

Al igual que un faquir, me siento pobre en estos momentos. No tengo nada más que al Amado, como decían los sufís. De alguna forma, el absolutamente pobre, es el absolutamente rico. Siento ese tremendo desasimiento hacia todo aquello que no sea el pensar e indagar sobre el misterio. Ni buscaré las flores ni temeré las fieras, que decía San Juan de la Cruz. Quietud, dolor, paciencia, perseverancia.

La gnosis arquetípica de todo lo que nos ocurre es un misterio. La meta de todos es vaciarnos. Me siento pobre y vacío. Como una mariposa quemada por el abrazo de la llama. Reconozco en esta quietud a los verdaderos maestros que me rodean. El verdadero maestro es aquel que te recoge los zapatos y te prepara el té, es aquel que sirve en silencio y humildad. Siento que este retroceso será un nuevo punto de partida. Un nuevo avance hacia algo nuevo. Seré paciente y perseverante. Como las olas del mar, como las gacelas que pacen en los valles, como la piedra quebrada que yace junto al río.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura… y a este pobre inválido… 🙂

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