La creación es silenciosa


 

“Antes de que el alma pueda comprender y recordar, debe unirse a aquel que habla en silencio, así como la mente del alfarero se une primero a la forma que le dará a la arcilla. Entonces el alma oirá y recordará. Y entonces hablará la Voz del Silencio al oído interno”.
La Voz del Silencio

El silencio es un estado de consciencia. Es el sonido real del Universo. Es la palabra perdida de la que hablan los antiguos constructores y el Verbo creador de toda Obra. El silencio no es dejar de hablar, sino entrar en una dimensión diferente de las cosas. Es observar el alarido invisible de la naturaleza, el susurro del aire impermeable entre nuestros sentidos, la berrea imperceptible de las montañas.

El sonido perceptible por nuestros limitados sentidos no es más que el rasguño de un haz de luz. La luz no es más que una forma de dilatar los espectros dimensionales de lo imperceptible. Más allá de la luz, se halla la sede inmortal del Silencio creador y provocador de mundos.

Lograr la armonía interna nos acerca a cierto silencio. El alma escucha y recuerda. El alma, esa gran desconocida, eso que se manifiesta ante el silencio, ante la dicha y el gozo de estar en calma, en ausencia de ruidos, en presencia auténtica con nosotros mismos. El alma nace cuando el silencio reina en las columnas de nuestra personalidad. Cuando acallamos nuestros pensamientos, nuestras quejas, nuestras prisas, nuestras emociones, nuestros desánimos, nuestros malestares continuos. El alma regresa a nosotros cuando el silencio se amontona a raudales en los arroyuelos de nuestra vida, empujando las ondas silenciosas de nuestra vibración tranquila.

La naturaleza crece en silencio, se desarrolla en silencio, sin hacer ruido. Los árboles crecen en silencio, las flores comparten su majestuosidad y belleza en silencio. La reina madre se inclina ante el ejército y la cohorte, silenciosa, imponente ante su enjambre. El elixir de la experiencia se comparte de forma callada, como máxima para todo aquel que desee osar, querer y saber a la hora de hollar cualquier senda.

La brisa que decora los acantilados de nuestros sueños es silenciosa. Su rugido no es más que un azar entre los mil puentes que se tejen en nuestras venas. Es la hebra vital, es el manto terrenal, es la promesa de un mañana. Los sueños se susurran, las fantasías se musitan con cierta música imperceptible, toda la imaginación explosiva ruge en silencio. ¿Cuál es el canto del sol y las estrellas? ¿Cómo es la música de las esferas celestes, de los planetas, de los espirales universos?

El amor es hermoso porque es silencioso. Amar al otro, acariciar al otro, mirarle fijamente a los ojos en una tarde de hechizada primavera. En la ciega templanza del verano, los enamorados se esconden entre la cosecha para musitar amor. Un sonrisa basta, una sonrisa ardiente, sigilosa, silenciosa. Se encajan los labios húmedos en secreto pactado, como un rasguño, como un haz de luz. En silencio.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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2 respuestas para “La creación es silenciosa”

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