El culto a la unidad es lo que genera el amor


© Daniel Dencescu

Sigue sonando Thunderstruck, decíamos ayer. Esta vez de forma hermosa, como un ritmo que desea perpetuar el tiempo más allá de los hemisferios conocidos. Un ritmo sentido, armónico. No es una canción, es un ciclo, una promesa, una intuición. Los filósofos siempre se han esforzado por intuir y conocer el orden universal de las cosas, pero a veces la vida nos muestra su otra cara: el caos. En estos momentos, ese caos, esa falta de orden y disciplina, es apropiado. Es una forma de conquistar la vida, de ilusionarse con todo cuanto ocurre en lo intangible. Romper moldes, bucear en la incertidumbre y el interrogante y ver qué pasa.

La forma de entender el universo es mediante la iniciación. La iniciación es un cambio de consciencia hacia algo mayor, una visión mayor de las cosas, y por lo tanto, una mayor comprensión de la existencia y el Universo. Es por eso que las órdenes iniciáticas a lo único que pueden aspirar es a la Gestión del Misterio, que es un soplo de Cosmos, de Orden perpetuo. ¿Pero qué ocurre cuando el Misterio se manifiesta desde el Caos?

Las cosas son, digamos que existen, en función a su relación con otras cosas. Eso es el logos. El logos es relación. Todos tenemos una dimensión misteriosa que desea relacionarse. Cuando obviamos esa relación desaparecemos porque dejamos de tener referencias. La iniciación nos acerca al misterio de la relación, inclusive cuando esa relación nace de la incertidumbre, del asombro, de lo perplejo. Iniciarse en la incertidumbre es una forma de expandirnos.

Por eso el propio creador navega en su propia incertidumbre. Está atónito porque de alguna manera todo está tejido desde la misma sorpresa, desde la inquietud, desde la fluctuación. La unidad se divide en el conflicto, del mismo nace el equilibrio, luego el espíritu, y de ahí la propia naturaleza, el ser humano, la perfección, la magia, la relación, el final de un ciclo y de nuevo la totalidad, la unidad perfecta. El culto a la unidad es lo que genera el amor, por eso, inclusive en el caos más absoluto, el deseo de fusionarse desde el conflicto produce la armonía. Forma parte del misterio, de lo mistérico. Lo diferente crea conflicto, pero al hacerlo, nace la armonía. Armonía a través del conflicto, el conflicto de lo diferente, de lo antagónico. Unidad, y deseo de unión.

El amor no necesita nada, no requiere nada, no busca nada. El amor es la expresión máxima de las dos fuerzas que actúan en el universo: el Orden y el Caos. El amor es aquello que mueve los universos, la reina mágica de todo cuanto crece y se perpetúa. Un sueño es amor. Una relación es amor. Una música, una fantasía blandida en un piano, es amor. Todo es amor si nos desapegamos de los prejuicios, de los resultados, del riesgo, de la pérdida. La unidad, en definitiva, es amor. De ahí nuestra necesidad humana de relacionarnos, de amarnos, de protegernos, de cuidarnos. Amor es relación, y al hacerlo, encontramos el misterio de todo cuanto existe.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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