La idea de Maestro como punto focal de la acción grupal


 

 

La amiga Nuria ha tenido la gentileza de invitarme a colaborar con un pequeño artículo en su revista Ruge. Acompaño a continuación el artículo y un enlace por si queréis conocer su hermosa iniciativa y su revista sobre espiritualidad y nueva consciencia. Gracias querida Nuria por la invitación. 

https://ruge.es/

A nuestro alrededor se mueven los cielos, y las estrellas giran en sus órbitas infinitas. En el orbe inconmensurable, conviven millones de entidades vivas, ordenadas en una amplia e inabarcable jerarquía. En esa mota de polvo que llamamos nuestro planeta, la jerarquía se reproduce de forma impecable.

Durante todos los tiempos, en círculos cerrados y apropiados de cierta sabiduría perenne, ha existido la creencia en la existencia de una jerarquía humana y espiritual que se ha desarrollado durante los últimos millones de años. Las almas humanas han evolucionado en miríadas, en grupos provenientes de diferentes fuentes de evolución, algunas planetarias, y otras extraplanetarias. La idea de que la culminación humana termina en un grado evolutivo que nos dota de maestría ha calado hondamente en las mentes de los buscadores de la verdad. Más allá de la inocente y sentimentalista idea de aquellos que se consideran a sí mismos maestros, o de aquellos que por carencias emocionales buscan en el otro la figura paterna de un maestro o guía, existe indudablemente una maestría superior, normalmente invisible y ajena a esas necesidades humanas, y que exploran las necesidades grupales y colectivas para orientar o guiar a la especie humana, pero nunca a individuos aislados.

Dentro de estas corrientes de pensamiento se habla de la idea de que dicha jerarquía humana se divide en varias etapas, también conocidas como procesos de individualización. Estos procesos se clasifican dependiendo del dominio o la consciencia que cada alma individualizada posea en su progreso individual. Resumidamente, se puede decir que en entre la humanidad común, aquellos que encuentran unidad de grupo en el plano físico, se encuentra un grupo reducido de aspirantes que encuentran dicha unidad en el plano etérico. De ese grupo nace otro reducido grupo conocido con el nombre de probacionistas, que mantienen la unidad grupal en el plano astral y bucean en la búsqueda de una realidad superior, revelada. A su vez, de ese grupo pequeño nacen los llamados discípulos, aquellos que tienen cierta disciplina y autocontrol, los cuales sostienen la unidad en el plano mental y de ellos, ya como un grupo realmente mínimo, aparecen los primeros iniciados, los cuales desarrollan su actividad grupal y de servicio en la llamada unidad de las almas.

Tanto los aspirantes como los probacionistas y ciertos discípulos aún viven en la ilusión de la separación y, por lo tanto, en sus mentes, aún existe la visión de que vivimos separados del resto. Son los iniciados los que empiezan a despejar esa división y comienzan a visualizarse como almas no separadas, almas grupales, trabajando y actuando siempre colectivamente. Es ahí, a la vez que se ha llegado interiormente a esa maestría de entendimiento, cuando aparece la figura del maestro dentro de la escala espiritual de nuestro planeta. Esta no es una figura que aparece como algo separado, sino como algo único que proviene de la esencia y la unidad. En la unidad del espíritu, ahí permanece, justamente en el punto de fusión donde se difuminan las formas y el “tú” y el “yo” desaparecen, encontrando la unidad del alma grupal que nos abraza a todos como iguales. Es ahí cuando la figura del maestro se convierte en un punto focal de fuerza, del que emanan energías hacia diferentes esferas de actuación y de la cual, nosotros, a veces de forma consciente y otras de forma intuitiva, actuamos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Si somos dignos, trabajamos bajo la irradiación del aura del maestro, pero no como individuos, sino como despiertos a la realidad una del alma.

Estas almas avanzadas se han liberado de las necesidades de la forma y la materia. Ya no trabajan buscando un interés personal, sino que desarrollan toda su actividad a la entrega de la evolución humana, morando en la consciencia del Alma Una bajo la impresión de la ley del servicio. Es ahí, en esa consciencia, donde la maestría aparece como una acción grupal. Es ahí dónde nace la presencia del maestro, de la maestría, del liderazgo de unas fuerzas y unas energías que se entregan por completo a la vida de servicio mediante la correcta meditación y el correcto estudio de las causas primeras. Esas causas que los Maestros conocen y sirven, en silencio, en invisible presencia.

La idea del maestro como punto focal de la acción grupal es aún prematura, especialmente en este tiempo dónde aún se persigue la idea paternalista y sentimentalista de un guía a la carta, personalista y cercano. Esta ilusión se aleja realmente de la idea de una extensa jerarquía a la que se penetra únicamente mediante una acción coordinada bajo la ley del servicio, donde se aplica el desapego y la descentralización y donde la vida gira en torno a las necesidades del alma y no de la personalidad. Y esa alma, como decíamos, se unifica inevitablemente con el grupo, sacrificando su parte individual para abrazar la maestría de la acción grupal. Es ahí, en esa fusión, en ese sacrificio, cuando el maestro, el punto focal, aparece.

Para el Maestro, la condición humana solo es un detalle más de la vasta y amplia tarea de la vida espiritual. No presta atención a las sombras que la personalidad individual genera, sino a los puntos de luz que, mediante eones de trabajo, esfuerzo y sacrificio, aparecen rara vez en la esfera de la actividad humana. Y esa atención se manifiesta mediante radiación, mediante adumbramiento, inspiración e intuición. No es una comunicación directa, sino una extensión de la luz del punto focal que el Maestro representa. Una extensión jerarquizada y descentralizada para no dañar a aquellos que se aproximan tímidamente a las puertas de la iniciación/radiación. Algunos discípulos avanzados y algunos iniciados responden a las necesidades del alma mediante la fusión de grupo y mediante la interpretación intuitiva de las necesidades de la especie humana, y es mediante el adumbramiento que el Maestro aparece.

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