Consciencia activa


Dibujo de P. Gracias de corazón por tu ejemplo y belleza.

 

Hay espíritus que son resplandecientes. Llegan a nuestras vidas para llenarlas de luz, de calma, de serenidad, de alegría, de entusiasmo, de convulsión. Te susurran las historias secretas del mundo con solo una mirada. En la fase más profunda del sueño, te agarran con fuerza la mano para acompañarte en el tránsito hacia el despertar. Lo sorprendente es que ya nunca te sueltan. Te abrazan con tal sutileza que el aroma de sus hebras etéricas penetra todos los cuerpos hasta todo final. Hay espíritus capaces de eso, e incluso de hacerte danzar las mil formas posibles de baile, de música, de vibración.

Pero eso no basta para entender la profundidad de esos espíritus, de esas almas bellas. Dante tuvo una revelación cuando vio en Florencia por primera vez a Beatriz en el año 1274: “… al verla, en verdad digo que el espíritu que ama en las más recónditas profundidades de mi corazón empezó a temblar de tal forma que se apoderó de todo mi ser…, el principio y el fin de la felicidad de mi vida se habría revelado”. ¡Qué puede ser aquello que hace agitar las almas de tal manera! A veces es solo una especie de milagro, una conversión pausada a una revelación espiritual. Quizás un estado místico, como cuando subes a una gran montaña y desde ella puedes contemplar todo el infinito posible. Te compunges de tal manera que puedes concebir la auténtica vigilia, el verdadero despertar de la consciencia activa, la quietud espiritual que activa los resortes de la acción y el compromiso.

Desde los valles de las celdas monacales hasta los jardines profundos de la sensualidad, un centelleante resplandor nace en algún momento de nuestra existencia. Ese centelleo es como un segundo nacimiento a la vida. Desde ese fulgor y brillo uno se cuestiona todas las cosas que de repente han dejado de tener sentido. La posesión, la rigidez, el fetichismo, las formas. Uno se desprende poco a poco de todo antes del gran desprendimiento. Eso nos hace livianos ante los acontecimientos del devenir. Al no tener peso, empiezas a tener visión. Al tener visión, comienza a nacer cierta nueva consciencia. Y de ella nace la necesidad de acción, de involucración, de compromiso y responsabilidad con la vida. La consciencia activa se involucra pacientemente en las causas profundas del sufrimiento e intenta atajarlo. Y lo hace desde la sencillez del resplandor, se realiza lo milagroso desde la mágica presencia de la luz, de la calma, de la serenidad, de la alegría, del entusiasmo. De tal manera que estar con esos espíritus luminosos hace que el tiempo no pase, que todo se detenga de repente, que el principio y el fin de la felicidad de toda una vida sea revelado.

La consciencia activa es como estar constantemente enamorado de la vida, pero desde la responsabilidad de entregar cada instante de tu existencia a su mejora. El amor se vuelve subversivo, vives constantemente en una inquietante agitación, en un deseo alejado de los deseos, en una fusión cósmica en la que ensanchas tu existencia. Ya no basta con saberte vivo, con sentir la pulsión: ahora deseas ser un transmisor de los filamentos vitales. Ya no quieres poner parches para aliviar el sufrimiento ajeno, deseas hallar la raíz del mismo, atajarla desde la apertura consciencial, volcar en esa misión todo el propósito de tu vida. Lo haces. Cueste lo que cueste. Te entregas, de vuelcas activamente con la pura consciencia.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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