El tamaño de nuestro saber


Ayer paseando por el Centro Q con su moradora y mis dos queridas guías en este espacio tiempo…

 

“Todo aquello que el ser humano ignora, no existe para él, por eso, el universo de cada uno se resume en el tamaño de su saber.” Albert Einstein

Es así como obra el mundo. Es nuestra visión particular, específica, inmediata, la que construye nuestra realidad. Nos damos cuenta en este escenario. Para unos es un paraíso, para otros, un infierno, una cutrez, una ruina. Si pudiéramos objetivizar el lugar, diríamos que a priori es hermoso, lleno de árboles, de mil flores de todos los tamaños y colores, cargado de cierta belleza y dentro de un decorado único. Pero este dato objetivo no es suficiente, porque cada cual trae su mochila, su lastre, su visión, sus expectativas.

El tamaño de nuestro saber también permite moldear la realidad. Podemos vivir en una realidad fija, programada e inmóvil, o podemos abrir constantemente brechas en el tiempo, atravesar espacios y dimensiones desconocidas, expandir cada instante hasta que se haga infinito. Incluso podemos hacer de nuestro particular paraíso una puerta dimensional hacia otros infinitos, hacia otros paraísos.

Eso debió pasar la noche del sábado. Se estaba abriendo una brecha de tiempo, una oportunidad de modificar lo programado, lo que se esperaba. Había una demanda y una necesidad y la pudimos ver, entender y acompañar. Sostener las demandas que están más allá del velo es algo complejo, pero cuando nos percatamos de ellas sucede lo milagroso. El milagro no es más que una expansión de nuestra visión, de nuestro saber, que se aferra de repente a una línea de tiempo diferente. Es lo que llaman una “oportunidad”. Las oportunidades siempre están ahí, esperando. Si estás preparado para verlas y surfear con ellas, solo tienes que subirte a la ola y ver qué ocurre. El océano de la oportunidad es siempre infinito, y hay que estar atentos para que no se escapen. Son nodos donde todo puede cambiar de repente, y crear el milagro de la transformación. Son momentos únicos donde la vida puede cambiar para siempre.

La oportunidad de esta brecha de tiempo se presentó ante una pequeña angustia nocturna. Un pequeño grupo de valientes deseaba ir hasta el Centro Q, en un lugar del maestrazgo aragonés, en mitad de la nada. No tenían cómo llegar hasta allí y de repente pudimos ver la brecha, la oportunidad, el instante de la ocasión, lo milagroso. A pesar de que era tarde y no había nada programado, me ofrecí a llevarlas con la única condición de que solo podría hacer un viaje de ida y vuelta, y no permanecer más de una noche. Lo hice irracionalmente, sin pensar, desde la más profunda de las intuiciones. Las peregrinas, sin creérselo, aceptaron. Pedí cinco minutos para ver si podía reorganizar la agenda, marché, hice algún cambio y regresé aceptando el reto. Un viaje de muchos kilómetros a través de la nada, un viaje de ida y vuelta donde no podía permanecer más de una noche.

Ayer mismo (parece que hayan pasado mil años) estábamos atravesando las profundidades del país, de un lado a otro, hasta llegar al destino. El destino realmente no era el Centro Q, sino el propio viaje. Allí se abrieron más brechas, más “oportunidades”, más ocasiones para abrazar lo milagroso. No podemos interferir en el libre albedrío de los demás, ni siquiera alterar su espacio-tiempo, a no ser que surja la pregunta, la duda, la “oportunidad”. El tamaño de nuestro saber debe estar preparado para poder empujar, advertir o guiar si esto fuera necesario. Si has visto el camino y lo has hollado mínimamente conoces sus peligros, y es bueno que si alguien quiere dirigir sus pasos hacia la puerta estrecha, advertir de lo que hay detrás de ella, siempre con humilde y sigiloso silencio.

Llegamos sanos y salvos al hermoso Centro Q, muy cerca de las Grutas de Cristal. Los paisajes eran espectaculares y Neus nos acogió con cariño, con amistad, con hermandad. Nos sorprendió gratamente su testimonio de vida. Estábamos presenciando la vida de una eremita del siglo XXI, con una existencia basada en los primeros alegatos del monacato primitivo, el de oriente y occidente, fusionados en un mismo lugar. Su humilde morada, su estilo ascético, su vida simple, nos conmovió. De alguna forma, ese viaje tenía otro destino, otra oportunidad, y allí, viendo y compartiendo ese instante con Neus, se abrió otro campo cuántico de coyuntura, de ocasión. Solo la vida y sus tiempos, sus ritmos y cadencias sabrá dotarnos de sabiduría para comprender cómo se teje el destino. El tamaño de nuestro saber seguirá expandiéndose a medida que sacrifiquemos nuestros miedos, comodidades y devenir en pro de una vida sencilla, amplia, profunda. Y ese saber deberá servir a todos aquellos que abracen la oportunidad. La oportunidad de este siglo no trata de conectar con nuestra alma individual, sino que, una vez realizado este trabajo mágico del alma, poder abrazar y conectar con el alma grupal. Esto aún no se entiende y no es posible explicar, pero ese será el reto para los próximos mil años. Conectar con el alma grupal para que la iniciación grupal llegue a nosotros. En esas andamos. Ese es el viaje, la expansión hacia el tamaño de nuestro nuevo saber.

Gracias Neus, gracias África y Katara por este viaje hacia el Ser…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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