Vanaprastha


Anne Brigman | The Pine Sprite (1911) | Artsy

 

Dice la tradición oriental que cuando caminas por la verdadera realidad, te conviertes en un Vanaprastha, que significa “alguien que abandona la vida mundana”, o literalmente, alguien que se retira a los bosques. En esos bosques simbólicos, también conocidos como “montañas” o “desiertos”, se penetra sigilosamente en mundos divergentes, en lugares donde las sirenas, las náyades, los sátiros o los erotes revolotean como insectos en la noche. Abandonar la vida profana y abrazar la vida sagrada, despojarse de lo profano para sumergirte en los mundos espirituales, requiere sacrificio, pero también conquista. No se trata de entrar en la vieja dualidad, sino en trascenderla, porque la verdadera espiritualidad fusiona y sintetiza ambos mundos. Es la síntesis de los opuestos, es la redención, el abrazo cósmico, el vuelo mágico, la verdadera visión de la no-dualidad.

Esto es complejo. Ese abandono del yo que requiere inevitablemente sacrificio, desarrolla la conquista del vasto mundo de la experiencia espiritual, que a su vez, es inabarcable. Por eso el pequeño yo no puede navegar en sus mares, y requiere de un vehículo superior que vagamente llamamos alma. Esa alma, libre de los prejuicios y limitaciones de la forma, se ensancha. Ensanchar no sería del todo correcto. El alma es adumbrada, fusionada, porque la idea que aún no podemos entender es que solo existe el Alma Una.

Alcanzar la liberación espiritual, moksha en la tradición oriental, solo es posible practicando algunos de los senderos que tradicionalmente son conocidos como los senderos de la acción (karma marga), los senderos del conocimiento (gñana marga) o los senderos de la devoción (bhakti marga). Estos senderos nos alejan de la codicia, el odio y el engaño, y suponen que la persona que los persigue tiene predisposición a liberarse de alguna manera del mundo mentiroso. Caminar por la verdadera realidad requiere el abandono del egoísmo, la avaricia, el odio, el rencor. Requiere de alguna manera, abandonar la vida mundana y retirarse a los bosques.

Sin embargo, esta renuncia es una ilusión, una trampa para el ego, una mentira. No hay verdadera iluminación posible si no existe una inconmensurable compasión hacia la iluminación de los demás seres sintientes. En el budismo, esta figura se conoce como el Bodhisattva, el cual, mediante la bondad amorosa (metta), la compasión (karuṇā), la alegría empática (mudita) y la ecuanimidad (upekkha) genera iluminación para todos los seres sintientes. Es por eso que la vida del Vanaprastha, del arhat budista, para que termine siendo verdadera y real, debe convertirse en Bodhisattva.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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