Lungta, el renacer del caballo de viento


 

Junto al trono hay estanterías llenas de libros. Se puede decir que todo este lugar es una gran biblioteca de saberes acumulados durante años y años. Quizás sea eso lo que me ha atrapado durante estos días, más de los imaginados. Un lugar perfecto para la reflexión, para la indagación y para la introspección. Miles de libros se amontonan por todas partes. Casi todos relacionados con la sabiduría perenne. Aquí me siento como en casa y me alegra mucho que el destino me haya brindado la oportunidad de permanecer aquí algunas jornadas más.

Esto ha provocado, a su vez, que se rompiera un lazo que requería ritualizar la quiebra, el final, el renacer hacia otra experiencia. Aún no somos conscientes del poder que nuestro pensamiento ejercer sobre nuestra realidad. Cualquier pensamiento puede transformar todo nuestro entorno, interior y exterior. Quizás por ello esta noche apareciera el espíritu de Lungta, el caballo de viento que representa el alma humana, disfrazada de bella dama de largos cabellos negros ondeando oníricamente. Me ha sorprendido la visión, y ha sido significativa por todo su contenido simbólico. Había algo de despedida en ella, pero también algo de renovación. De ruptura con el pasado, pero de esperanza hacia la fortuna futura. De nuevo el pensamiento transformador. Vivimos en el mundo que somos capaces de imaginar. Por eso, en este nuevo renacer, ¿qué mundo vamos a imaginar?

Lungta quería decirme algo, advertirme sobre algo. El alma humana, el caballo de los vientos, la mujer de largos cabellos que aún se añora en las largas noches de insomnio. El caballo alado es el mensajero de los dioses. Por eso apuro las últimas horas en este palacio para brindarme la oportunidad de soñar, de imaginar otros mundos posibles. La sensación es extraña, pero nace en mí un deseo de soledad absoluta, de retiro, de alejamiento del ruido para centrarme en la voz del silencio. Son procesos, son mundos, son esa siempre despierta necesidad de servir al mundo del alma, olvidando cada vez más las pasiones pasajeras de la carne. Entre las necesidades de unos y de otros, hay una que evoca con fuerza el cometido de esta vida, y es ahí donde aparece Lungta para obligarnos a recordar nuestro destino.

El mundo, con sus hierofantes y adeptos, con sus maestros invisibles e iniciados que ayudan en la construcción de la vida humana, esculpe en el universo de los sueños aquello que puede servir para el logro y el éxito común. Despertar a esa realidad requiere sensibilidad, visión y contenido. Las enseñanzas secretas de todos los tiempos nos obligan a despertar y proteger lo sentido. Mañana, de vuelta a las tierras del norte, reflexionaré profundamente sobre esa necesidad de silencio, de reconexión con Lungta, con la vida del alma.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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