¿Por qué BodhiDharma se fue al Oriente? El ciprés en el patio. No tengas nada. Sé feliz.



En los días sombríos y lluviosos, siempre nos preguntamos lo mismo: ¿qué hay tras las montañas, bajando hacia el valle? Y la respuesta retumba entre los ecos del tiempo, más allá del umbral, junto a la puerta estrecha, en todos los recovecos: el mundo material. ¿Por qué hemos dejado el mundo material allí atrás? Porque en el mundo material no hay paz ni libertad para la mente. ¿Por qué? Debido a que la gente no tiene suficiente espacio para gobernar las cosas del alma, solo se preocupan en mantener las cosas del mundo de las formas. Todo su espacio está lleno de la idea del yo, abandonando por completo todo aquello que hay más allá de los valles. Las aficiones mundanas nos conducen a crear lazos y pasiones. Al final se pierde lo que amamos, por eso experimentamos el sufrimiento. Si dejas de tener apegos, dejas de tener dolor. Si vaciamos nuestra mente, si vaciamos nuestras vidas de cosas, podemos superar el sufrimiento.

En las montañas se tiene sed por liberar el alma. Primero, renunciando a uno mismo. Alejarnos del camino angosto del ego, donde se acumula el polvo y el hollín, para abrazar el mundo ilimitado del alma. El camino de la libertad absoluta requiere la absoluta negación del mundo material, el absoluto desapego hacia las cosas. Por ser eficaz, ¿no debe un faro estar lejos, en lo más alto? Inquebrantable, el faro permanece hasta descubrir bajo sus pies las raíces de la verdad, del camino, de la vida. Es allí, en lo alto, donde resplandece y guía. Es allí donde su propósito encuentra razón de ser. ¿Quién encerraría la luz de un faro entre el polvo y el hollín?

¿Hacia dónde va el maestro de mi ser? Se interroga la vida en las montañas, ausente y alejada del mundo material. Ferviente y perseverante, lejos de las distracciones e ilusiones, con el único fin de llegar al verdadero ser, a la verdadera unidad con el todo. La forma no difiere del vacío, ni el vacío de la forma. La forma es vacío, el vacío es forma. Uno va a las montañas para liberarse del polvo y la suciedad del mundo, de todo su ruido y aire impuro, buscando en la otra orilla un sopor de libertad. Pero todo esto es imposible si antes no has sido capaz de amar incluso la basura, el polvo del mundo y la angustia de la vida. La perfección solo puede alcanzarse abrazando todas esas cosas. Todo lo sucio, lo imperfecto, lo angosto, lo terrible. Alejarte de las cosas es entrar en un mundo de remordimiento, por eso, antes de subir a la montaña, hay que abrazar todas las cosas, hay que amarlas. A veces hay que volver al mundo, a la turbulencia de la vida, para encontrar el sentido verdadero.

Cuando los lazos que nos unen a este mundo se vayan cortando uno a uno, navegaremos entre dos orillas. La vida es para los que se quedan en el eterno fluir, la vida es para los que están vivos. El resto deambula confuso entre las tinieblas del deseo. Solo cuando no se tiene nada, se apaga el deseo, y solo cuando se apaga el deseo, se es feliz. Allí, en el patio, junto al ciprés, en lo alto de las montañas, mirando al oriente, ese lugar dónde se marchó BodhiDharma.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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