Siete pasos seguros para la práctica de la Inofensividad


 

Magnum, o Asclepi, miraculum est homo (“Gran milagro es el hombre, ¡oh, Asclepio!”)
Cita de Hermes Trismegisto con la que comienza la Oratio Ioannis Pici Mirandulani Concordiae Contis.

 

El ser humano es un milagro que se encamina hacia un futuro hermoso, culminante de un proceso evolutivo que no terminará en él mismo, sino que continuará en estados más perfectos de consciencia, de evolución, de vida. Ese camino está marcado, y cada vez se estrecha a medida que la humanidad avanza de su estado más primitivo, salvaje y violento, a uno más armónico, evolucionado y pacífico. Para ello, el ser humano debe refinar sus cuerpos, sus vidas, su consciencia, y debe ser consecuente con su propia madurez interior. En ese trazado casi arquitectónico, el camino, los caminos, llevan inevitablemente hacia la inofensividad.

Inofensividad es una palabra incomprendida hoy día, devaluada, impertinente en un mundo que se rige principalmente por la ley violenta del más fuerte. Una ley acomodada a los tiempos, pero intransigente. Sin embargo, para crecer humanamente y acompañar nuestras vidas de un sentido más amplio, debemos profundizar en la inevitable inofensividad. Tratar de vivir inofensivamente, en pensamiento, palabra y acción, no es suficiente. Debemos examinar el efecto emocional que producimos al otro, de tal manera que ningún estado de ánimo, depresión ni reacción emocional puedan dañar al semejante. La violenta aspiración espiritual, a veces convertida y cristalizada como dogma o ciega obediencia, y el entusiasmo mal aplicado o mal orientado, pueden fácilmente herir a un semejante. Es por ello que debemos cuidar las tendencias erróneas que nos empujan a actitudes, a veces inconscientes, violentas. Debemos huir con precaución de la demostración de fuerzas concentradas en la autoimposición, el autoengrandecimiento y la autosatisfacción. La inofensividad se manifiesta en el pensamiento correcto, el cual está basado en el amor inteligente; en el hablar correcto, regido por el autocontrol; y en la acción correcta, fundada en la comprensión de la ley natural de todas las cosas.

La inofensividad permite limpiar nuestra casa interior y purificar nuestros centros de energía, atrayendo hacia nosotros una vida más amplia y sentida. La práctica de la inofensividad limpia nuestros canales obstruidos y permite la entrada de energías superiores las cuales nos llevan hacia el mágico mundo de la intuición, el cual se rige por leyes y mecanismos diferentes a los usualmente aceptados. Existen para ello siete pasos seguros para la práctica de la Inofensividad:

1. Inofensividad en la materia. Lo que hacemos en la vida cotidiana crea un campo magnético de resonancias que influyen en nuestro entorno. Todo aquello que hacemos desde la inofensividad crea campos positivos de acción global. Inofensividad en la vida cotidiana, especialmente en la alimentación, libran al mundo de la gran batalla astral, de la gran pandemia del dolor de nuestros hermanos animales. Inofensividad con nuestros cuerpos, con lo que comemos y bebemos, es un primer paso para crear cuerpos cada vez más libres, luminosos y sensibles a un nuevo mundo. La paz en nuestro planeta no llegará hasta que no comprendamos esta urgencia mundial. Uno de los grandes retos humanos de nuestro tiempo es alcanzar la inofensividad con nuestros hermanos animales.

2. Inofensividad en nuestros estados de ánimo, en nuestras energías y fuerzas, en aquello que crea en el entorno alegría y bienestar. Limpieza con agua abundante, dentro y fuera, baños de sol abundante y aire libre producen como resultado una energía limpia que acompañada por una dieta limpia, produce un campo áureo poderoso, inofensivo, radiante.

3. Inofensividad en nuestros deseos, en nuestras emociones, en nuestro torrente de sensaciones y palpitaciones emocionales. Esta es nuestra gran batalla actual. Debido a que los dos primeros escalones no están aún totalmente completos en cuanto a la inofensividad, sufrimos en exceso en el tercer y más problemático escalón: el mundo del deseo, las emociones y lo astral. Vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en el mundo del deseo, la ilusión, el maya, el glamour.

4. Inofensividad en nuestros pensamientos, los cuales deben ser siempre inclusivos, armónicos, poderosamente positivos. Nuestra mente, aún en estado latente, está empezando a despertar a fuerzas poderosas, las cuales solo llegarán a nosotros cuando los tres primeros escalones de la inofensividad hayan sido completados. Empezaremos a crear mundos y realidades positivas cuando tengamos plenos control sobre la inofensividad de nuestro pensamiento brillante y poderoso.

5. Inofensividad en nuestra capacidad de conectar con la Inteligencia Activa del Universo. Sobre esto poco se puede decir, por ser un complejo estado del Ser que aún no hemos alcanzado del todo. Es a partir de aquí cuando se abre las puertas de los misterios y arquetipos. Es en este superior estado humano cuando la comprensión empieza a tejer nuestra realidad, creándose un compromiso verdadero con los arcanos de la creación.

6. Inofensividad en nuestra capacidad de amar desde una completa sabiduría. Esta capacidad está solo habilitada para aquellos humanos completos que han superado fases anteriores en los procesos evolutivos y que expanden e irradian el ideal del sacrificio de la personalidad para albergar el nacimiento del alma en sus vidas.

7. Inofensividad en nuestro poder, en nuestra voluntad y en nuestra capacidad de alentar a los dioses y los universos. Esta quizás sea la mayor de las pruebas y el mayor cuidado a la hora de practicar la completa inofensividad, poderosa, creadora de mundos, soles radiantes que sin quemar, protegen y alimentan mundos y vidas.

Todo esto carece de significado porque muchos confunden inofensividad con simple bondad o incluso atontamiento, flojera o debilidad. Para los que así piensen estas palabras no tienen sentido. Para los que creen en las fuerzas superiores, en la consciencia plena, en el despertar del ser humano completo e integral, el camino está marcado. La inofensividad es un estado del ser que se manifiesta a medida que nuestra alma gobierna nuestras vidas. Solo cuando esto ocurre nos conmueve de igual manera la vida de un animal que la explosión radiactiva de un astro cósmico. Dicha conmoción provoca un sentido enorme de responsabilidad y un compromiso activo con la vida y sus misterios, y una acción silenciosa que posibilita la irradiación de luz, poder y amor.

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