Siembra


El sembrador, Jean-Francois Millet

 

Siembra antes de que la tierra se vuelva infértil. Cuida lo sembrado, no importa si siembras una familia, una causa, una soledad, una amistad, un porvenir. Riega de a poquito, sin excesos, pero que nunca falte el agua. Busca luz para tu siembra, algún día la necesitará, al igual que ahora te cuidaste de preparar la tierra, de abonarla pacientemente y de comprobar que las fases de la luna eran propicias para diseminar la semilla. Siembra un hijo, siembra un pensamiento, una idea, un libro, un árbol, un fruto. Siembra amor, al menos una sonrisa amable. Siembra una mirada sincera, una tierna caricia inesperada o ese profundo abrazo mañanero al primero que ose rodearse entre tus brazos. Siembra una burla, una broma, un cosquilleo, nunca sabes el bien que puede hacer.

Siembra una emoción dulce, un velo oculto, un misterio. Siembra duda allí donde la certeza se torna dogma. Siembra espíritu allí donde solo hay materia y siembra alma allí donde todo es inerte. Siembra vida en la roca, siembra ardor en lo tenue. Siembra melodía en el silencio y silencio en el ruido. Siembra rumor en la noche y suspiros cuando eches de menos a aquella persona que te dejó. No dejes nunca de sembrar, ni siquiera tan solo para tu causa. Siembra para otras causas sin esperar fruto. Siembra por todas partes aquello que puedas. A veces fuerza, a veces dinero, a veces apoyo, a veces simplemente un mensaje alentador. Siembra como el sabio que planta árboles, no para refugiarse en sus sombras futuras, sino con la esperanza de que las futuras generaciones lo hagan. Siembra lucidez, pasión, verso. Siembra poesía y siembra sed de justicia. Siembra esas semillas anónimas que recibes para que den buen fruto. Siembra en ellas intención y amor.

Siembra oración. Nunca sabemos qué habrá más allá, cuando todo palidezca y se marchite. Siembra esperanza y fe, no vaya a ser que luego hubiera otro amanecer, otro despertar, otra jornada nueva de cien años. Siembra siempre pensando no en el ahora, sino en el mañana, en los otros. Siembra a sabiendas que no todo germinará, y que muchas de las semillas caerán en tierra inerte, o serán arrasadas por las heladas nocturnas, o por la insoportable sequía de un mal año. Siembra a sabiendas que quizás en uno o diez años no cosecharás nada, porque hay fruto que tarda en madurar. Sé consciente de los ciclos, y sé consciente de aquello que siembras y para qué lo haces. Cuanto más desapegada sea la intención, mayor disfrute habrá el día de la cosecha.

¿Recuerdas aquellas tardes de plácido verano, cuando dormías plácida a media tarde y de fondo se escuchaba la música de la cosecha? Melodías inolvidables que indicaban que era tiempo de disfrute y sobre todo, de pensar en la nueva siembra. Aquellos paseos inolvidables por los campos dorados, aquellas risas felices de tiempo despreocupado. ¿Recuerdas cuando aún jóvenes, había deseos inmensos de vida, de aventura, de conocimiento? Sin darnos cuenta, el tiempo pasa, pero eso ya no importa. No olvidemos los ciclos. No olvidemos seguir sembrando, nunca se sabe qué frutos nos aguardan.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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