Los tipos de consciencias en la evolución humana


Hay diferentes tipos de consciencias, diferentes modos de ser, diferentes realidades y diferentes vías de evolución. El tipo de consciencias se pueden dividir en siete, dependiendo del poder de adaptación consciente a las circunstancias que nos rodean y de nuestra capacidad de ver más allá de las formas que nos aprisionan en la materia.

1. La primera consciencia tiene que ver con la adaptación inconsciente al medio ambiente. Estamos hablando aquí de la consciencia básica del homo-animal que se rige aún únicamente por el instinto más primitivo. Son personas que viven solo para la subsistencia material y la reproducción, basando sus vidas en ello, sin ninguna otra motivación.

2. En esta segunda etapa, nace la consciencia en el ser humano que empieza a tener ciertos destellos de percepción inteligente y alguna actividad mental más allá de la propia adaptación al medio. Aquí estamos hablando del primer contacto con el egoísmo y el amor propio. Existe mayor consciencia del “yo”, y por lo tanto, una mayor independencia, habilidad y astucia para ver aspectos del ser más allá de la pura subsistencia.

3. A partir de aquí, pasamos a la etapa de la consciencia puramente egoísta. El ser humano empieza a tener móviles más allá de la pura subsistencia, pero se rige exclusivamente por el deseo de tener comodidad en todos los sentidos, material, emocional e intelectual. Se lleva bien con todos y se adapta a todas las circunstancias, pero desde la consciencia egoísta, sin mayor implicación que esta.

4. En este tipo de consciencia empieza a nacer la consciencia grupal no instintiva. Existe el reconocimiento de grupo más allá de los puros egoísmos personales y un primer reconocimiento de los derechos y sensibilidades de los otros. Es donde empezamos a interactuar con los otros de una forma más desapegada hacia los resultados.

5. A partir de esta fase evolutiva nace la consciencia del ser humano realmente bueno, que intenta adaptarse a las relaciones y responsabilidades grupales desde la inofensividad y el trato constructivo. Ya no basa únicamente su vida en actitudes egoístas, sino que va explorando poco a poco posibilidades de ayuda mutua y cooperación grupal.

6. Aquí tenemos a los aspirantes de aquellos que anhelan realizar un trabajo más profundo sobre su propia consciencia. Están completamente entregados al trabajo grupal en sus diferentes aspectos y siente la necesidad de ser completamente útiles a esta labor. Es cuando nace la necesidad de realizar un trabajo consciente para disciplinar la naturaleza inferior, instintiva, egoísta y de supervivencia para poder aspirar a un trabajo de mayor responsabilidad y compromiso. Se puede decir que es a partir de aquí cuando el ser humano empieza a tener cierta consciencia “espiritual”, es decir, consciencia de pertenecer a algo superior a sí mismo. Es cuando empieza un verdadero entrenamiento para acceder a sus poderes latentes con la intención de poner dichos poderes al servicio grupal. Nace entonces cierta llamada, aún confusa y débil, que lo guía en la búsqueda de este nuevo sentido más allá de sí mismo.

7. En este tipo de consciencia tenemos a los que en la tradición antigua se denominaban discípulos e iniciados. Son los que han alcanzado cierto grado de evolución significante y su interés ha dejado de ser personal, dedicando sus vidas al desarrollo, necesidad, propósito y evolución grupal. Enfocan su atención mental en la vida “espiritual” y en el aún desconocido mundo de las almas. Son aquellos que conocen la Gran Obra, y disciplinan sus vidas personales para ser unos perfectos constructores de la misma. Intuyen y conocen el Plan, actuando en cada momento y época según las necesidades del mismo. Es la consciencia de los llamados hermanos mayores de nuestra raza humana o también conocidos como los grandes compañeros, los guías que con su trabajo silencioso y su ejemplo debe acompañar al resto desde la inconsciencia a la consciencia de lo que realmente somos. Son los que unifican y no dividen, los que integran y no destruyen. Son los verdaderos constructores de la raza humana.

Sintetizando podríamos decir que hay dos caminos bien definidos, los caminos de la personalidad y sus necesidades, y los caminos del alma y sus propósitos. Ese que llaman el camino del alma es lo que algunos conocen como el camino del corazón, porque da respuestas a algo que nos supera como personalidades. Ya no servimos, de alguna manera, a los intereses egoístas que todo individuo posee, sino que nos aferramos a una causa mayor que en la mayoría de los casos, por nuestra falta de visión, no podemos ver ni entender en su conjunto. Pero ahí está el alma, susurrando a nuestro corazón, para que tomemos ese difícil camino, inevitablemente, a medida que nuestra propia consciencia se va expandiendo. Algunos lo llaman el toque de clarín, otros la llamada, y una vez sentido, dejamos de ser esclavos de las necesidades de la personalidad y nuestros inconscientes egoísmos y sentimos la liberación que este tipo de consciencia nos ofrece para evolucionar.

En el mundo de los arquetipos, esto es conocido con el nombre del “secreto de traslación”, relacionado muchas veces con el poder de elevación y libertad que ejerce la aspiración espiritual. No hablamos aquí de una ciega y a veces inútil aspiración emocional, sino más bien de un proceso evolutivo que tiene que ver con nuestras conciencias y nuestra cada vez mayor evolución como seres humanos. Esta transfiguración es una liberación, subordinando nuestras vidas a la expansión ininterrumpida de la consciencia grupal.

 

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