Nacimiento, Bautismo y Transfiguración. Iniciación en el día de la oportunidad


Gustave Courbet, “L’immensità”, 1869.

 

En nuestro planeta existen dos tipos de iniciaciones. Las menores y las mayores. Podríamos decir que en nuestro ámbito más inmediato hay tres iniciaciones que nos afectan profundamente. En total se podrían enumerar hasta siete iniciaciones, pero podrían ser cinco o doce, dependiendo de la perspectiva y del nivel de comprensión de cada uno. Antes de llegar a ellas, hemos realizado una gran travesía por el desierto de la vasta experiencia espiritual. Hemos sentido la llamada del toque de clarín de nuestra alma, hemos sido probados antes de atravesar la estrecha puerta, y nos hemos convertido en meros aspirantes en todo nuestro caudal de vida.

Las tres primeras iniciaciones son fáciles de enumerar. La primera tiene que ver con el pleno control de nuestro aspecto material. La segunda con nuestro aspecto emocional y la tercera con nuestro aspecto mental. Dicho así, parecería algo simple, pero cada aspecto encierra dentro de sí pequeñas subdivisiones y subplanos que hay que tener en cuenta y superar poco a poco.

La primera iniciación, el Nacimiento en la cueva, tiene subdivisiones, momentos de tensiones y crisis que tienen que ver con el control completo no solo de nuestro cuerpo físico, sino también de la materia circundante. No tan solo de los instintos más primarios, sino además, del correcto mantenimiento de un cuerpo sano, puro y dócil al dominio del alma. Durante un tiempo, debe prepararse para la soledad, para la renuncia, para el desapasionamiento, para el autocontrol de sus centros motrices, productores, incluyendo una alimentación sana e inofensiva. La persona que se prepara para la primera iniciación debe alejarse de la gula, del tabaco, del alcohol y las drogas, del libertinaje sexual, alejándose en todo momento de las exigencias de nuestro cuerpo. Ese control crea sus propias rigideces y distorsiones, pero es necesario antes de continuar hacia adelante. Un cuerpo físico fuerte es imprescindible para soportar las fuerzas y las energías con las que más tarde vamos a trabajar, sea en los planos que sea, por eso, en esta primera fase, corresponde cierta exigencia en la dieta y en el control de todo lo que entra en nuestro cuerpo.

La segunda iniciación, también conocida como el Bautismo, es destacada porque constituye la crisis del control y dominio del cuerpo astral, de las emociones, de los deseos. Es quizás una de las más complejas de todas. El sacrificio y la muerte del deseo no ha sido totalmente comprendido. Elevar las emociones, mantenerlas puras y sin máculas y liberarnos del yugo del deseo del que tanto nos hablaba el Buda, forma parte de esta iniciación. La muerte de la ilusión no solo de nuestro yo sino de la ilusión del mundo es un punto álgido. Desprendernos uno a uno de todos los hilos que nos atrapan en lo ilusorio, de las trampas emocionales y de los apegos inevitables a la materia y el deseo es quizás la parte más compleja. Ese control añade necesidad de servicio y aspiración, además de una clara voluntad para progresar y ayudar al prójimo, pero siempre desde la inofensividad y la entrega.

La tercera iniciación, denominada a veces Transfiguración, tiene que ver no solo con el control mental, de nuestros pensamientos e ideas, sino, además, con la posibilidad de dirigir dichos pensamientos hacia la creación. Manejar la materia mental y aprender las leyes para construir pensamientos creativos mediante una correcta meditación e introspección, suele ser una de las tareas de esta etapa evolutiva humana. Todo este desarrollo ayuda al despertar espiritual mediante la intuición y la construcción, más adelante, del puente que nos acerca a la realidad del alma. Cuando el cuerpo físico es completamente puro y libre de interferencias, el cuerpo emocional estable, firme y cristalino y ejercemos cierto control sobre el cuerpo mental, es posible que podamos utilizar sin riesgos fuerzas y energías nuevas que antes escapaban a nuestra visión.

Ante la visión del alma, estas tres primeras iniciaciones son necesarias, pero menores. Es decir, es un completo dominio de nuestra parte más bruta para luego ejercer dominio sobre lugares más sutiles de nuestra existencia. Es un primer trabajo de devastación al que, por desgracia, pocos se atreven a hollar. La verdadera prueba empieza a partir de la cuarta iniciación, donde la persona que ha derivado su vida hacia el servicio requiere de mayores sacrificios personales y de una completa dedicación a una causa mayor aún no entendida del todo. La persona que recibe la cuarta iniciación, también conocida como la Crucifixión, tiene una vida compleja y de total renuncia, a veces difícil, tensa, penosa e intensa. Renuncia a todo tipo de estatus, comodidades, amigos, riquezas, reputación, posición social y a veces, incluso renuncia a su propia vida. A partir de la cuarta iniciación podríamos decir que empieza el ciclo de las iniciaciones mayores en nuestro planeta, esa en la que una vez que nos hemos conocido a nosotros mismos, podemos conocer todo el universos y sus dioses.

Muchas órdenes que actualmente se autodenominan iniciáticas no son más que una puerta de acceso a estas verdades, un espejo imperfecto del verdadero Aula de Sabiduría. Más allá de las iniciaciones simbólicas, estas puertas están totalmente alejadas de la primera y real iniciación. Para entender todo esto de forma desapegada, debemos observar nuestros impulsos y nuestro carácter de sacrificio. Sabemos que nos definen nuestras acciones, no nuestras palabras, y es ahí donde podemos ver con claridad en qué lugar real nos encontramos. Cada día es una oportunidad para ir despejando el camino, para hollar poco a poco la senda de la renuncia y el sacrificio. Un sacrificio aún no entendido, pero responsable de todo avance. Cada día es una oportunidad para enfrentarnos al verdadero ser que somos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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2 respuestas para “Nacimiento, Bautismo y Transfiguración. Iniciación en el día de la oportunidad”

    1. La verdad es que la vida es compleja, y al mismo tiempo, sencilla, dependiendo de nuestra propia visión, y asumiendo en ellas todas nuestras distorsiones… Hermosa frase la que comentas… todos somos llamados a la fiesta de la vida… un abrazo grande…

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