Las dos cosas que nadie tiene: espacio y tiempo


 

Es necesario para mí vivir aquí solo, porque el silencio del bosque es mi novia y la dulce y cálida oscuridad del mundo entero es mi amor. Y del corazón de esta cálida oscuridad surge el secreto que solo en silencio se escucha. Pero es la raíz de todos los secretos que susurran todos los amantes de todo el mundo en sus lechos. Tengo la obligación de preservar la quietud, el silencio, la pobreza, el punto virginal de la pura nada que está en el centro de todos los demás amores. Cultivo silenciosamente esta planta, en medio de la noche y la riego con salmos y profecías en silencio. Se convierte en el más hermoso de todos los árboles del jardín, a la vez el árbol del paraíso primordial, el axis mundi, el eje cósmico y la Cruz. Thomas Merton

Y es así, orando, suplicando, como el silencio te arropa. Te embriaga la belleza inexpugnable de la bóveda celeste. Toda conjetura desaparece en los abismos de la quietud, rogando poder compartir, al menos con las estrellas o con el susurro del aire todas estas cálidas y dulces profecías.

En este eje de silencio y soledad nos sustraemos de todo sustento. Aquí hay dos de los mayores tesoros posibles. Por un lado, todo el espacio del mundo. Bosques y montañas conforman el abanico de habitaciones de esta infinita estancia. Por otro, tiempo. Un tiempo diferente, sincrónico, adimensional, alejado de la prisa y el temor. Hay un punto de conexión que converge entre el cielo y la tierra, entre el tiempo y el espacio. En este ombligo, en este lugar donde todos los puntos de la brújula miran, existe una comunicación entre los mundos superiores y los inferiores. De hecho, la comunicación resulta ser una sinfonía donde uno no sabría diferenciarlos. Se trata de una psicosíntesis, de un estado diferente, sin tiempo, sin espacios capaces de congregar todo cuanto existe. En esta geometría sagrada, solo existe anhelo.

Miramos hacia todas partes y nos encontramos con lo infinito. Se expresa en las montañas, en los árboles retorcidos por la nieve, en las columnas de humo y fuego que azotan los hogares en invierno, en los tallos circulares, agarrotados, y también en los vuelos nocturnos de la lechuza. Es un misterio poder ver las cosas de forma diferente, con esa visión que alarga la realidad hasta lugares imposibles. Es como si la proporción áurea se congregara al mismo tiempo con el sagrado fresno perenne de Yggdrasil, justo aquí detrás, casi invisible para los ojos profanos.

Nos gustaría, sobre cualquier pilar, construir un campanario. Los campanarios nos recuerdan el sonido creador, la inminente renuncia, el parar toda actividad para enfocar nuestra mirada al rezo y la contemplación. Construirlo es como un ejercicio alquímico, como una muestra de bondad hacia los designios del cielo incógnito. Los ríos, que ahora corren afortunados llenos de agua, imitan de alguna forma los ríos de la lava que corren en las entrañas de todos los soles. Y de igual manera, riegan nuestras venas esa rojiza mezcla de fuego y agua. Aunque no lo parezca, hay una profunda relación entre unos y otros. La lechuza, el campanario, el pilar, el tallo, el río, la sangre, el sol, el fresno y…

Y luego la puerta. La puerta de todo misterio, apartada del tiempo y del espacio que antes habitaba, quien sabe durante cuántos siglos. Una puerta que llevaba a alguna parte y que imaginábamos transformadora de mundos. La puerta siempre nos resulta misteriosa. Hay mundos y universos enteros tras cada puerta. Hay una fórmula, una iniciación, un descifrar los códigos. La puerta estrecha, la puerta pequeña, la puerta irascible. Toda puerta es un centro. Un lugar inhabitado, de tránsito, de prueba. Toda puerta, por lo tanto, es un lugar sagrado, por encima de todo. Y en ese tránsito, uno demuestra que no tiene nada. Uno sabe que ningún tiempo ni ningún espacio podrá nunca atraparte. Cuando no se tiene nada, y es ahí el misterio, se abraza todo. Las dos cosas que nadie tiene, el tiempo y el espacio, dejan de ser importantes. Y es así, orando, suplicando, como el silencio te arropa. Junto al fresno, tras la puerta, entre las montañas, bajo los árboles, en la orilla del río, hacia el sol.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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