Sobre la Caridad y la Solidaridad


“Ante el portal de cada nuevo día, que encierra en sus selladas horas una responsabilidad ordenada, cada mañana permanezco y exclamo en voz alta: ‘Señor de mi vida, ¿cómo puedo cumplir el deber de este día y sin embargo lograr el desapego? ¿Satisfaré toda necesidad y, sin embargo, me liberaré de las ligaduras y las obligaciones?’ Dios dijo: El sol se acerca y vivifica la tierra. Nada puede extraer de la tierra. Vive tú así. ¡Da y nada pide!” (Antiguo comentario)

Dicen que la buena caridad empieza siempre por uno mismo. Cuidando nuestros siete cuerpos, manteniendo dominio sobre la materia, el ánimo, las emociones, los pensamientos, nuestra actitud más interior y espiritual. Amarnos a nosotros mismos hace de nosotros una piedra pulida perfecta para luego poder, solidariamente, ejercer caridad hacia los otros, es decir, ofrecer amor, ofrecer ayuda, sostén, apoyo cuando se requiera. Amor hacia nosotros mismos primero, hacia nuestro entorno después y, elevando la visión y la perspectiva, amor hacia nuestras gentes, familias y amigos, aliados y compañeros, pueblos y naciones hasta poder abarcar el planeta entero incluyendo todos sus reinos, manifestados y no manifestados, visibles e invisibles.

Ese instinto de amar se convierte inevitablemente en un valor, en un principio, en una visión cuando, más allá de nosotros, atraviesa fronteras lejanas. Esas fronteras a veces están ligadas al sexo, a nuestra condición social, a nuestra raza, a nuestra religión o ideario político, pero también a otros reinos como el animal, componente y campo de expresión del amor más profundo, hacia el otro inocente, al diferente, a lo diferente. Cuando nuestra caridad pasa esas fronteras del círculo-no-se-pasa de nuestra propia condición humana, entonces nos volvemos solidarios con causas que requieren mayor atención y sabiduría, mayor consciencia y expresión.

El ser humano puede vincularse a diferentes grados de consciencia. Dependiendo de las fronteras y límites de su consciencia, tendrá mayor visión sobre los asuntos internos del trazado de la Gran Obra. Y a mayor visión, mayor responsabilidad en cuanto a la necesidad de ayudar al prójimo, en cuanto a la necesidad de ser actor importante en la ejecución del Plan que el Gran Arquitecto del Universo a puesto sobre el tapete de nuestras vidas. Es ahí cuando la primera e inocente expresión de caridad, de amor, se extiende hacia una realidad más profunda, hacia una visión más amplia y hacia una estrecha colaboración con ese Plan. Es ahí cuando nos volvemos unos solidarios del crisol que se muestra ante nosotros como puertas estrechas que conducen a otra realidad ampliada, a otro campo de servicio más extenso.

Es ahí cuando entran en juego lo que llamamos iniciación. Iniciación no es más que la entrada a un campo de visión mayor, y por lo tanto, a un campo de experiencia y consciencia mucho más profundo, de mayor responsabilidad. Es ahí, cuando pasadas ciertas pruebas, asumimos mayores compromisos no solo en nuestras vidas profanas, sino también en nuestras vidas espirituales.

¿Qué significado puede tener esto para el ignorante que omite todas las realidades y visiones posibles? Ninguno. El avaro, el egoísta, el ignorante, el mal en general, es una energía mal situada. La pedagogía de la caridad, del amor, de la solidaridad, son necesarias para situar esa energía en su correcto lugar: la consciencia humana. Y esa consciencia, ese amor expresado desde las siete fuerzas que nuestro universo local desarrolla, requiere de algo que muchas veces no se comprende: sacrificio. Algo hay que sacrificar para seguir creciendo, para seguir ampliando nuestra visión y por lo tanto, para comprender la realidad profunda de la acción grupal y su correcto dominio. Algo debemos dejar atrás (apetitos, actitudes incorrectas, vicios, sufrimiento innecesario hacia otros reinos, etc), algo debemos sacrificar en el altar de la renuncia para que una nueva visión se apodere de nosotros, y sepamos ver, junto a ella, los siguientes pilares del templo.

El sacrificio tiene una enseñanza profunda sobre el esfuerzo, el trabajo, la perseverancia y el coraje. Y ese esfuerzo siempre desemboca en una correcta caridad y un inteligente servicio solidario hacia los demás. Meditación, estudio y servicio. Componentes básicos para entender correctamente la necesaria visión de la caridad y la solidaridad, deberán regir correctamente nuestras vidas para así crear correctas relaciones humanas. ¿Cuál es nuestro campo de servicio para ejercer dicha visión? ¿De qué forma vamos a desarrollar la ineludible y urgente necesidad de caridad y solidaridad mundial, más allá de nuestras pequeñas vidas, a veces excesivamente egoístas y aisladas?

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s