Desde el susurro del aire


Precioso atardecer hoy en O Couso entre nieblas y nieve…

 

Una buena amiga me preguntaba casi todos los días cuando volvería a escribir. No sabía qué contestar. Leía estas tímidas letras desde el año 2008 y como ella, hay, sin yo saberlo, personas que de alguna manera gustaban de leerlas ya fuera por curiosidad, simpatía o amistad. Algo en mí me decía que alargara el silencio todo lo que pudiera, o al menos, hasta que me viera con fuerzas de escribir desde otro lugar. Un lugar más amigable, más tranquilo, más armonioso.

Si eres una famosa presentadora de televisión, algo sabes de voces. Hoy me llamó después de tiempo sin saber de su vida y mientras paseaba con el amigo Geo por estos contornos aún cargados de nieve y niebla, me contaba los avatares en televisión. Cuando tocó mi turno, por eso de ponernos mutuamente al día, dijo que notaba mi voz algo cambiada, como más tranquila y armoniosa, como en paz. Interiormente sonría. Lo vi como una clara señal de que este silencio había servido de algo.

En mis tareas de editor, ayer corregía un libro de DK y leía lo siguiente: “Estén de parte de los que construyen silenciosa y constantemente para el nuevo orden -orden que se funda en el amor, construye bajo el impulso de la hermandad y posee la comprensión de la misma, basada en el conocimiento de que cada uno y todos, no importa cuál sea nuestra raza, somos hijos del Uno. Hemos llegado a comprender que los antiguos modos de trabajar deben desaparecer y proporcionar una oportunidad a los nuevos métodos. Si no saben enseñar, instruir o escribir, aporten ideas y dinero para que otros puedan hacerlo. Ofrezcan sus horas y minutos de ocio para que otros queden libres y puedan dedicarse a servir al Plan; contribuyan con su dinero para que pueda progresar con mayor rapidez el trabajo de quienes pertenecen al Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Se pierde mucho tiempo en cosas no esenciales. La mayoría de ustedes dan poco o nada de su tiempo. Lo mismo pasa con el dinero. Deben dar como nunca han dado antes, a fin de posibilitar la parte física del trabajo. Hay quienes ofrecen lo único que poseen, y el poder que tal actitud libera es muy grande”.

Durante estos siete últimos años he dado tanto que ahora, tras unas semanas de auténtico silencio, me siento pleno, lleno, rebosante. Porque siempre es el que da, y no el que recibe, el que termina siendo afortunado. He observado desde el silencio la nueva etapa que nace en estos tiempos y he buscado la fórmula para intentar seguir ayudando, cueste lo que cueste, a ese nuevo mundo. Es cierto que aún me quedan algunos importantes asuntos de la personalidad que atender, pero igual de cierto es que cuando ahora veo un amanecer o un atardecer como el de hoy, es el alma la que, sujeta a su manifestación, suspira. Y es su susurro el que me empuja día a día a resistir a tantas pruebas. Es ese susurro el que me hace deleitar en la perseverancia.

Así que no puedo esconder este gozo debajo de una mesa. De alguna forma debo compartirlo, y aprender que, en la vida, solo se es pleno cuando la compartes definitivamente en toda su extensión. Así que abrazo con cierta alegría, pero también precavido, este nuevo lugar, este nuevo tiempo, esta nueva incógnita que se presenta. Espero poder compartir este susurro del que hablo con ligereza y amabilidad, desde un centro inequívocamente inofensivo y amable. Este aire nuevo que se aproxima sigilosamente entre las nieblas de la personalidad, pero también entre la fortaleza de cada amanecer del espíritu. Toca soplar de nuevo. Toca seguir navegando y compartiendo. Toca abrazar la vida en toda su plenitud, de nuevo, compartiendo. Que así sea por muchos años…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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6 comentarios sobre “Desde el susurro del aire

  1. Javier ¡qué alegría! No te imaginas cuánto endulzabas mis momentos con tus escritos. ¡Se te echaba mucho de menos! Según yo lo siento, da igual desde dónde creas que escribes. Al final, la fuente es siempre la misma… No obstante, es fácil percibir lo bien que te ha sentado este descanso. Será un placer volver a tener la caricia de tu pluma en estos días de tanta confusión. Un abrazo grande

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  2. Gracias querida Alicia por tus sentidas palabras que animan a este humilde amanuense a seguir adelante… Tienes razón… la fuente siempre será la misma… aunque el cristal cambie o los colores vivan apasionadamente en sus verdades… un abrazo grande y sentido…

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  3. Nunca es tarde si la dicha es buena… Al fin, al fin de tanto mirar cada día tus pequeños grandes relatos hoy te decidiste a volver a deleitarnos… Me alegra, siento emoción saber que estás vivo. Síiii en toda la extensión de la palabra… Pues eso, un susurro de tu ser que es maravilloso… Abrígate, quierete, mimate, pero siempre con tu sentir.

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