Paseo y bosque terapia, disciplinas para estar vivos


Hace dos años pasé por un mal momento y una buena amiga me recomendó tres cosas: comer bien, asearse todos los días y pasear, pasear mucho. Esas simples recomendaciones fueron la mejor terapia que recibí de todas las que probé. Estos días de complejidad máxima estoy volviendo a esa medicina. Intento alimentarme lo mejor que puedo. Hasta el punto de haber sustituido mis galletas por un rico guacamole en el desayuno, algo impensable en mí. También he cambiado mi rutina. Intento dormir todo lo que puedo, o todo lo que mi cuerpo me pide, a cambio de tres paseos diarios.

En estos paseos sanadores por el bosque he descubierto algo impresionante. Los paseos no duran más de veinte o treinta minutos cada uno. El primero después de la meditación y antes del desayuno. El segundo al mediodía, después de comer. Y el tercero, al alba, tras encerrar a las gallinas y los patos en su corral. Siempre los empiezo y los acabo con una corta pero intensa carrera de menos de un minuto. Es algo sensacional, y este es el descubrimiento, porque en ese pequeño maratón, siento como toda mi sangre empieza a fluir, a reconducirse, a volar por todo mi pequeño cuerpo de un lado para otro.

Es como si de repente se activara todo el cuerpo, provocando una explosión de energía y calor que quema todo tipo de sustancias estancadas, pensamientos estancados, emociones estancadas, ánimos estancados. Es como si se abrieran las compuertas de la vida y esta recorriera todo nuestro ser. Es una sensación maravillosa.

Al removerse la sangre, de alguna manera, se remueve también los estados de ánimo asociados a nuestro “chi”, a nuestro flujo de energía vital, a nuestro mundo etérico. Es como si todo ese cuerpo que nos envuelve con su radiación y energía, toda esa vida acumulada y radiante, se volviera más luminiscente y lúcida. Son como pequeños momentos centelleantes, de inspiración máxima, de sonrisa interior. No importa todos los avatares que por fuera estés sufriendo. Ese chute de energía vital aminora las preocupaciones, sean las que sean.

Recuerdo que cuando hace años estaba haciendo el master de pedagogía Waldorf en Madrid nos decían que si había un niño muy revoltoso, había que enseñarle a meditar para calmar su centro motor. Pero si había un niño excesivamente mental, como es mi caso, debía hacer todo tipo de deportes para equilibrar sus tres centros más importantes: el centro motor, el centro emocional y el centro mental. Estas semanas que han sido de mucho pensar, de mucha preocupación y alguna dosis deprimente, era necesario reordenar los cuerpos. Especialmente reorganizar las emociones, siempre tan convulsas.

Mi caso es privilegiado, porque vivir literalmente en un bosque es de por sí muy sanador. Una cabaña de madera rodeada de árboles y prados y montañas. Todo verde atlántico, todo belleza, color y vida salvaje. La sensación de vida, comparada a mis grises años en la oficina, es única e irrepetible. Es verdad que esta nunca será una buena carta de recomendación a la hora de entablar ningún tipo de relación afectiva, pero para mí es el mejor regalo que nunca haya recibido. Vivir en los bosques es vivir de verdad.

Así que apuntaros la fórmula, estéis donde estéis. Buena comida, a poder ser sin violencia añadida. Mucha agua, por fuera y por dentro. Paseos, muchos paseos con algo de tensión al principio y al final. Tres respiraciones conscientes y algo de meditación. Os aseguro que esto es sanador a todos los niveles. Especialmente ahora, que llega la falta de luz, las depresiones típicas de este tiempo y la falta de sentido al ver como todo lo que nos rodea se derrumba. Si a esto le podéis sumar la buena compañía de seres afines, o serafines, tanto monta, entonces ya no hay excusa para ser felices. No hay nada como la grata compañía de alguien capaz de leerte por dentro y descifrar todos tus secretos. No hay nada como la complicidad de almas que puedan descifrar tus códigos y abrazarlos como se abraza a algo tierno y delicado. Pero sí esto no estuviera, siempre nos quedará el bosque.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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