Las fuentes de agua viva


© Vassilis Tangoulis

 

Llevo mucho retraso con las ediciones. Las reimpresiones también tienen que esperar. Hoy trabajaba afanosamente sobre la Crítica al programa Gotha. Lleva meses de retraso sobre la previsión de este año. El manuscrito de Marx me parece importante. La crítica al proyecto de programa y la carta a Bracke que la acompaña fueron enviados a Bracke en 1875, muy poco antes de celebrarse el Congreso de unificación de Gotha que daría como resultado uno de los partidos más antiguos que se conocen: el Sozialistische Arbeiterpartei Deutschlands, conocido actualmente como Partido Socialdemócrata Alemán, el SPD. El deseo era enviar esta crítica a Geib, Auer, Bebel y Liebknecht y más tarde se le devolviera a Marx para terminar de perfilarlo.

La historia no deja de ser apasionante. Cuanto más escarbas en sus avatares más puedes entender las consecuencias del presente. Desearía tener más tiempo para poder editar libros de política y economía, ensayos de cultura y ciencia, de sociología y antropología. Pero el tiempo es un recurso muy escaso hoy día, más cuando intentas abarcar todos aquellos frentes que sean posibles, que sean motivantes y, sobre todo, que sean urgentes. El activismo cultural y espiritual tiene muchos frentes abiertos y muy pocas las manos que los atienda.

Aún no sabemos del todo cual es la fuente de toda riqueza y de toda cultura. Los lassalleanos decían que era el trabajo, pero Marx, en su crítica, admitía el error como un desliz burgués, atribuyendo tal riqueza a la propia naturaleza, de la cual emanaban todas las cosas. La naturaleza siempre queda como algo abstracto. No somos capaces, ni desde la más pura superstición, ni desde la más lógica de las ciencias, de atribuirle más que mágicas conjeturas. Hablamos de ella como algo que está fuera de nosotros, olvidando, desde nuestro orgullo racial, que nosotros formamos parte de la misma. Todos los seres sintientes de alguna forma trabajan. La mayoría de ellos para abastecer sus necesidades más primarias, relacionadas todas con la obtención de calor. Nosotros, seres algo más complejos, ampliamos nuestras necesidades hasta el infinito, siendo la causa de nuestro mayor sufrimiento el no poder poner límites a nuestra ambiciosa necesidad. La mayoría de los seres abastecen el día a día. Nosotros deseamos abastecer el mañana. Somos omniabarcantes.

Las fuentes de la vida tienen una esencia misteriosa. No sabemos del todo hacia dónde se dirige el ciclo vital. Muchas veces miramos con atención nuestra existencia y no logramos captar del todo su más profunda amplitud. Vemos las orillas, los intereses que se mueven de un lado hacia el otro, de todas aquellas personas que nos rodean por puro interés o necesidad. Pero ignoramos tres cosas importantes: su origen, su profundidad y su destino. Así pasa la vida, casi sin percatarnos.

Leyendo la crítica de Marx veo como nuestra cultura ha degenerado. Sí, es cierto que tecnológicamente hemos avanzado casi de forma mágica. Ya nadie entiende cómo funcionan los píxeles o las ondas de radio. Vivimos en un mundo donde la tecnología nos ha superado, y pronto lo hará la robótica y la Inteligencia Artificial. Muy pronto. Pero culturalmente hemos involucionado hasta tal punto que lo más emocionante que nos ocurre al día es ver, pasmados, embelesados, lo que ocurre en las redes. ¡Qué nombre más apropiado el de redes! ¡Así estamos de atrapados!

El Estado Libre que añoraban los socialistas de antaño está muy lejos de ser conseguido. Primero porque nuestras condiciones de vida no han permitido liberarnos de la pesadez y esclavitud del sistema salarial. De hecho, la sociedad actual se ha aburguesado tanto, valga la paradoja, que sería impensable intentar buscar fórmulas de liberación masiva. La servidumbre se ha convertido en mansedumbre. Nadie estaría, en su sano juicio, dispuesto a pervertir ni un ápice el sistema actual. El precio todo lo sabemos. Oscuridad. Oscuridad cultural, oscuridad espiritual, oscuridad social. Un mundo oscuro iluminado tan solo por las telepantallas orwellianas. En el camino, hemos olvidado la luz, y de paso, la fuente de toda vida. Por eso esta civilización está espiritualmente muerta. Y por eso, seguramente, algo está ya agonizando. ¿Qué hacer entonces con tal moribundo? Poco. dejarlo morir mientras trabajamos de nuevo en la vida que está por nacer. De ahí la importancia de actuar hacia otro rumbo, hacia otro sentido, hacia otra dirección. Y siempre buceando en las fuentes de agua viva.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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