Una nota musical es un conjunto de frecuencias


 

Mirad la luz del otoño cercano. No cesa, pero es de un color diferente. Apagada, cristalina, quizás teñida por algún suspiro que se aproxima. Llueve y caen las primeras hojas, esas que durante un tiempo han absorbido pacientes la luz del sol y ahora convertirán el árido suelo en tierra. Así es como llega el sol a nosotros. La tierra fértil es la apropiación alquímica del sol mediante el mundo vegetal. Cada hoja que cae en otoño, fue un rayo de sol en primavera alimentado de agua y luz. Nada se desperdicia. Todo renace de alguna forma.

La frivolidad del mundo es de escasa utilidad cuando te enfrentas a sus verdaderas maravillas. No hay más que mirar alrededor para darse uno cuenta de que andamos inmersos en algún tipo de milagro. La sopa de miso con arroz que he comido en el almuerzo, las galletas de maíz para la merienda, las llamadas de amigos que desde México o la dehesa saludan. Hay una nota musical en todo cuanto pasa, un concierto aplaudido por el soñador, por el loco, por el peregrino, pero que se aleja de lo cotidiano, siempre inmerso en sus contradicciones. Hay algo que supera toda tristeza, cuando miras con otro tipo de ojos, cuando alzas la visión más allá de las aparentes formas. Las hojas dejan de ser hojas, la tierra deja de ser tierra, el mundo deja de ser mundo para desvelarse algo aún mucho más profundo y verdadero.

A pesar de la lluvia y el tronar hay una temperatura agradable. Compruebo en la aplicación que aún queda algo de batería, pero no mucha antes de que la oscuridad se cierna sobre todo y las placas solares dejen de funcionar. Por eso debo apresurarme ahora que aún queda algo de luz para escribir algo, para corregir algún libro o enviarlo a imprenta si ya estuviera listo. Las baterías se agotarán pronto y hay mucho por hacer.

El cúmulo de trabajo es infinito. Tenemos la suerte de que el Arquitecto, el Guionista, gratifica los tiempos que vivimos mediante el libro de la Naturaleza. Es un libro aparentemente abierto, pero cerrado para las mentes estrechas. Uno puede leer en sus páginas el Plan, el Propósito de toda la creación. Pero cada lectura le llena a uno de urgencia. Al parecer, estamos en las últimas páginas del capítulo final de algún tomo. Algo se cierra y es necesario convertirse en simiente de una nueva obra. Cambiaremos de octava, de nota musical, y hay que trabajar una por una en todas las frecuencias. Armonizarlas, hacerles entender que estamos juntos en este concierto y que debemos permitirnos la urgencia de actuar. Más allá de cada palabra, hay infinitos huecos entre ellas donde uno puede habitar. Más allá del ruido está la música imperceptible para el ciego. Y digo ciego y no sordo, porque hay sordos que ven y hay ciegos que no saben escuchar.

Encender nuestros nobles y elevados espíritus al entendimiento de la gran obra, de aquella que ha de perfeccionarnos como seres humanos, que ha de llevarnos a cuotas de mayor entendimiento, de mayor sabiduría. Caen las hojas ante mi ventana. El risueño sol ha desaparecido. Lloverá y la tierra mojada nos recordará una y otra vez la importancia de la resurrección de la vida… ¡Hay tanto por hacer a pesar de la luz y todas sus sombras! Y ahí está el libro, el nuevo libro, del cual ni siquiera sabemos su nombre. ¿Cómo entonces hacer su prólogo? No importa, ahí viene la Aurora, dorada como siempre, esperando que todas las frecuencias creen la apropiada nota.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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