Comunidades utópicas en quiebra


En la Comunidad de Findhorn, octubre de 2019

 

Mientras preparamos pacientemente este lugar hermoso para dar acogida a partir de la próxima primavera, sigo muy de cerca las noticias de algunas comunidades en las que he vivido y convivido gracias a la tesis doctoral. Hoy recibía un preocupante comunicado de la comunidad de Findhorn, donde expresaban su preocupación y alarma por la crisis que estaban sufriendo a nivel interno, especialmente a nivel económico. Hacían una petición de algo más de seis millones de libras para poder afrontar con tranquilidad los próximos dos años y para ello requerían la ayuda de todos. En marzo de este mismo año, justo unos días antes de que cerraran los aeropuertos internacionales, andaba de visita por Findhorn. Unos días antes había muerto Dorothy, la última de las fundadoras. Interiormente sentía que cuando ella muriera, Findhorn entraría en una gran crisis. Al morir Dorothy, de alguna forma moría el hilo conductor de sus orígenes espirituales, y de alguna forma, moría también el sentido de su creación.

Siempre fui un enamorado de los orígenes de Findhorn y algo crítico, especialmente en la tesis doctoral, con su evolución posterior. Mi reflexión giraba en torno a la idea de que las comunidades que entraban en la rueda del crecimiento estaban desarrollando un modelo contradictorio con el ideal del decrecimiento, la simplicidad voluntaria, la cooperación y el apoyo mutuo, cercano, amistoso, familiar y profundamente ecológico. Una comunidad que crece excesivamente, como es el caso de Findhorn o Auroville en la India, ya es otra cosa, algo más complejo, un sistema alejado del ideal humano de sencillez, cercanía y vida espiritual.

Findhorn es un referente mundial en el mundo de las ecoaldeas, pero los británicos, inventores de la propiedad privada y de la expulsión de la vida tradicional del campo (en el norte de Escocia este fenómeno se conoció como las Highland Clearances), siempre han sentido debilidad por sacar jugo a todo lo que se cociera. Y la Nueva Era, en algunos aspectos, ha sido durante muchos años una gallina de los huevos de oro que potencialmente se ha explotado desde muchos ámbitos, incluidos las ecoaldeas.

Hay una ley de oro en el mundo espiritual que dice que no se puede mercadear con la espiritualidad. Esto es ineludible. Jesús lo ejemplarizó, látigo en mano, expulsando a los mercaderes del templo de Jerusalem. En lugares como Findhorn, se ha llegado a crear todo un supermercado espiritual donde la supervivencia de sus habitantes pasa inevitablemente por la venta de productos y servicios espirituales de todo tipo. Al mismo tiempo, la privatización de todos los logros que en un primer momento se consiguieron, han hecho insostenible la vida allí.

A pesar de esto, Findhorn sigue siendo un lugar inspirador, un lugar lleno de belleza que aporta fe y esperanza en la visión de un nuevo mundo. Los que de alguna manera amamos ese lugar, a pesar de que ese amor nos haga ver con recelo algunos aspectos del mismo, sentimos la necesidad de unirnos y apoyarlos interiormente para que resuelvan de la mejor manera su extrema situación. También sentimos la necesidad de ayudar en todo lo que se pueda, y aprender de los errores y flaquezas que como pioneros, inevitablemente, han tenido que pasar.

Supongo que una de las enseñanzas que sacamos es que deben nacer más comunidades, pero pequeñas, de no más de veinte miembros, donde la cercanía y un modelo de vida sana y compartido sea motivo de alegría común. Otra de las enseñanzas es que hay que volver a la vida simple y cercana, al decrecimiento y a la búsqueda de valores compartidos. En la vida comunitaria del futuro, la adquisición y el consumo de dinero deberán perder importancia en comparación con la realización a través de la orientación espiritual, la vida compartida y el empleo significativo de valores y experiencias. Inevitablemente, en un futuro, pasaremos de un individualismo extremo a un individualismo compartido, porque no se puede entender la vida espiritual sino es en comunión con el otro. Y aprenderemos del error del crecimiento descontrolado para poner bases sencillas y crear redes de cercanía.

Si conoces Findhorn y quieres echarles una mano, puedes hacerlo aquí: 

Donate to Findhorn Foundation

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