Los acechos de la televisión o de como hacerse rico espiritualmente


Con los amigos Geo y Gaia… verdadera riqueza…

 

Andaba por la mañana corrigiendo un libro de Dion Fortune que pronto editaremos. Estaba programado para abril, pero con toda esta crisis sufrimos un retraso en casi todo. El mundo editorial sigue desmoronándose poco a poco, y nosotros resistimos a todos los envites, especialmente al no ser una editorial comercial, sino más bien un reducido grupo de escribas que hacen lo que pueden para que no se pierda la llama de cierta cultura y espiritualidad.

Pues andaba en esos menesteres cuando me llamó la directora de la oficina de Correos, con voz temblorosa y cara, me la imaginaba, de asustada. “Hay aquí unos señores periodistas que están grabando con sus cámaras y preguntan por ti”, me dijo. Al parecer los periodistas eran de La Cuatro y andaban buscando noticias frescas para poder cumplir con su programación. Le di las gracias a la directora de Correos por no dar mi teléfono y les dije, con pocas ganas, que ya les llamaría.

Como no lo hice llamaron al teléfono de la editorial. Primero sentían curiosidad por ciertos autores que había editado. Me decían que seguramente estaría ganando mucho dinero dada la fama mediática de alguno de ellos. Justamente esta mañana miré las telarañas de las cuentas y el panorama era pésimo. Tras pagar con algún retraso todas las facturas mensuales, en mi cuenta personal había dos euros con ochenta y un céntimo. En la cuenta de la editorial quedaban unos catorce euros y en las cuentas de la fundación, unos ciento sesenta euros. Ningún tipo de ahorro y cientos de deudas que ahogan poco a poco cada mes. Increpé al periodista para que no imaginara realidades paralelas y le dije la verdad. Los editores, al menos cuanto conozco, estamos casi todos pelados, y yo, con nuestra peculiar aventura cultural y espiritual, no iba a ser menos. Todos los meses son una aventura de pura supervivencia. Así es la vida del pequeño empresario, del superviviente autónomo.

El periodista empezó a sentir más curiosidad sobre mis particulares y sinceras respuestas y me emplazó a una entrevista. La verdad es que nunca tuve buena relación con la prensa, siempre tan exagerada y manipuladora. Ayer mismo denegué una entrevista en la radio y pocas veces atiendo a los medios, ni siquiera para intentar con ello aumentar las ventas, como sería natural en una editorial comercial. La verdad es que nunca fui un buen vendedor de nada. Así que le dije la verdad, que no aceptaba entrevistas no concertadas y que, además, era la hora de comer y no podía atenderle. El periodista insistió, que no les importaba marchar hasta Monforte de Lemos, donde tenían otro reportaje, y volver a Samos para la entrevista. La verdad es que sentí cierta compasión.

En el fondo, los periodistas, algunos buenos y otros menos buenos, son profesionales y hacen su trabajo. Así que me rendí ante su tono, cruzando los dedos para que todo saliera bien y no imaginaran historias irreales o fantasiosas sobre mi peculiar modus vivendi. Aún recuerdo cuando hace más de una década salía mi nombre es las noticias, diciendo que había construido un imperio editorial junto a un importante banquero desde mi finca rodeado de caballos. ¡En fin!

Cuando llegaron los atendí como pude. Gasté algo de tiempo en afeitarme, ducharme y ponerme algo de ropa decente. Aquí en el campo uno va siempre un poco dejado de la mano de Dios. Ellos intentaban entresacarme realidades paralelas y yo intentaba, en un duelo casi a muerte, hablarles de las bondades de la vida en el campo, de la simplicidad voluntaria, del apoyo mutuo, de la cooperación. “¿Pero te has hecho rico con tal o con cual escritor?” Yo recordaba mis cuentas y no sabía donde meterme. “Sí, claro que me he hecho rico, rico espiritualmente”. Era cierto, mi forma de vida, o mi forma de entender la vida me había dado unas riquezas difíciles de vender, difíciles de traspasar, difíciles de que sean noticia. “¿Pero cuantos ejemplares ha vendido este autor? Ahora que es famoso seguro que se han vendido muchos”. Pues la verdad es que no, que no han sido muchos, pero su amistad, su compasión, su ayuda cuando lo pasé mal, ¿no es esa la mejor de las ventas? “Pero dime, ¿de qué canal sois?” Pregunté para cambiar de tema… “De la Cuatro”, contestaron aturdidos… Cómo decirles, pobres, que llevaba más de veinte años sin televisión… En fin, si me veis en alguna parte avisadme… A ver de toda la entrevista que corta y pega han sacado… Y haber si hablan de la verdadera riqueza que les he mostrado casi, creo, sin ellos darse cuenta. ¡Qué bonito sería el mundo si eso fuera noticia! ¡Qué diferente todo!

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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