Los caballeros guardianes de la terra ignota


Estatua del rey Arturo en los acantilados de Tintagel

“Puede llamarse filosofía a la iniciación en los pasmosos arcanos de los verdaderos misterios”. Mario Roso de Luna

Era un frío invierno escocés de hace mucho tiempo. Alguien alzó la espada y nos regaló la fórmula. “Por los poderes que me han sido otorgados, os instituyo, consagro y recibo como caballero, guardián y procurador del bien, el arte y la nobleza. Deberás defender el honor de las virtudes otorgadas con valor, justicia, misericordia, generosidad y fe”. Antes de que la espada fuera golpeada por tres veces con el mallete sobre mi cabeza, cerré los ojos y fui transportado hacia la puerta estrecha. Recordaba el largo viaje hasta llegar allí, las pruebas, las dificultades, la ceguera. Recordaba la muerte como símbolo iniciático, porque aquel día, algo moría realmente.

Era joven, muy joven para tan semejante honor, pero alguien me dijo que hacían falta guardianes para proteger el nuevo tiempo y la premura provocó un alistamiento sin igual. Muchos fueron los llamados. Pocos los elegidos. El templo estaba esculpido en lo más profundo de las cavidades de aquel inmenso castillo. Las aguas golpeaban fuertemente en el acantilado. La humedad y el frío lo atravesaba todo. Mi mentor había surcado océanos para poder acercarme hasta aquel lugar secreto. En mi ignorancia e ingenuidad, no sabía, ni por remota idea, que el grado de caballero aún se otorgaba en estos días. Allí, en la cámara de reflexión, estaban los elementos indispensables, el grano de trigo, el pan y el agua, la sal y el azufre, el mercurio vital, el testamento. En esa cámara comenzó la aventura que debía culminar en la gran sala.

Seguía con los ojos cerrados mientras el venerable caballero golpeaba el primer toque sobre la espada y mi cabeza. Un toque de clarín que me recordaba de nuevo la dramatización de los Misterios. La perfección que existe entre la expiración y la consiguiente resurrección. El guardián del templo se había cerciorado de que ninguna mente profana pudiera invadir aquel acto sagrado. La transmisión debía ser limpia, sin mácula, guiada por el maestro de ceremonias, por las tres luces del templo, por los hermanos invisibles que en ese momento de oscuridad no podía ver. La herencia, la cadena de transmisión, se realizaría de forma justa y perfecta.

En el segundo toque recordé de nuevo las cinco partes del rito: la inevitable purificación previa de todos los cuerpos; la admisión a la participación en los ritos secretos, dura prueba que no todo el mundo logra superar; la revelación epóptica de aquellos que han tocado directamente la verdad pura; la investidura o entronización en la que ahora me encontraba. La quinta, producto de todas estas, es la comunión interna con el Misterio, y el goce de la dicha que nace de las relaciones que a partir de ese momento conducirán hacia la gloria de ser caballero.

Tercer toque. Honor, pero también responsabilidad. Ser guardián, caballero de la terra ignota requiere mucho trabajo, disciplina y esfuerzo. La perfecta contemplación de las cosas que se conciben intuitivamente es un don que te empuja a actuar, a crear encomiendas, lugares de refugio, de inspiración, de acogida al peregrino del alma, de estudio, de meditación y contemplación, de servicio. Comunidades místicas, escuelas filosóficas, gnósticas y herméticas. ¿Cómo hacerlo en estos días de tanta oscuridad? La terra ignota es un “no lugar” exigente que reclama esparcir por la faz de la tierra y allende los mares, las nuevas fuerzas que deben regir el mundo. ¿Cómo hacerlo sin que se apague la llama, sin que se pervierta su verdadero resplandor?

Hacía mucho frío. Escocia es un lugar perdido en mitad de la nada. El castillo estaba rodeado por la neblina invernal, decorado con leves antorchas que iluminaban pasadizos y cámaras secretas. Antes de abandonar el lugar, alzando las espadas hacia el cielo nubloso, se escuchó en todas las salas la exclamación escocesa: ¡uzzé, uzzé, uzzé! Ahora, ya investidos caballeros, el vasto campo de la experiencia espiritual nos aguardaba. La creación de puntos de luz en la mente de Dios, rezaba el antiguo comentario. ¡Adiós Escocia! El vasto mar nos espera…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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