Leer o visualizar, escribir o grabar, esta es la cuestión. La agonía de la creación


La ‘Agonía de la creación’ ,de Leonid Pasternak

Resulta difícil seducir y emocionar desde la palabra. Me refiero, claro, a la palabra escrita, tan denostada, apartada y arrinconada en este mundo de los massmedia tecnológicos. Estamos en la era de la imagen y el sonido, del video, del youtuber que gana más dinero que el más afamado de los escritores (un dato: con más de 800 millones de reproducciones se dice que Elrubius cobra unos 2,5 millones de euros al año, lo que se traduciría en más de 208.333 euros al mes, 6.900 euros al día o 290 euros la hora). Leer ya no se lleva. Ahora se lleva “visualizar”. Las nuevas generaciones han nacido con la “maquinita” en la mano y están acostumbrados a cautivar desde la imagen y el sonido. Los youtuber, la mayoría, no dicen nada que sea especial o profundo, pero como vivimos en el mundo de la ilusión, se han convertido en ilusionistas, en magos, en auténticos hipnotizadores capaces de mantenerte entretenido durante unos minutos al día para que disfrutes de lo absurdo de aquello que se llama perder el tiempo, arrinconar la vida, perderse la existencia.

Los videos se han convertido en el pan nuestro de cada día. Si antes no podíamos dejar pasar un día sin leer alguna página de un libro, ahora no podemos pasar un día sin ver un video. Realmente las cosas no han cambiado mucho. Antes los libros eran la forma de entretener, normalmente, contando cuentos o mentiras imaginadas en la mente del escritor. Me refiero aquí, por supuesto, a las novelas, pura idolatría descontextualizada del mundo del entretenimiento en los tiempos donde la televisión era escasa y uno tenía que imaginar mundos a base de narrativas. Ahora los mundos se dibujan con imágenes y sonidos que demuestran que ya estamos en otra era, y que el libro, artilugio anticuado donde los haya, se está convirtiendo en un saurio del saber. Estamos ante la agonía de la creación, al menos de esa creación lúcida y viva que pretendía dotar al ser humano de mucha más vida que la abarcable en lo cotidiano.

Cuando en la extinción masiva del Cretácico-Terciario desaparecieron la mayoría de los dinosaurios, las aves sobrevivieron y siguieron con el linaje de los lagartos terribles de aquella época. Los youtubers de ahora son como los supervivientes en la extinción del mundo primitivo de los libros. Una nueva era reptiliana donde lo importante es adormecer las mentes, no iluminarlas. 

Como en todo, hay youtubers buenos y otros mediocres. Los que más éxito tienen, en su mayoría, son los segundos. Esto tiene que ver con el principio hermético de correspondencia. Un mundo mediocre solo puede atraer a sí mismo éxitos mediocres. Una persona que se pasa todo el día fantaseando sobre videojuegos se convierte en una estrella de actualidad. Como los futbolistas en su día, pobres, destronados y agazapados a la tercera división del éxito. El pan y circo evoluciona, ley de vida. Los intelectuales españoles del siglo XIX se quejaban con su “pan y toros”. Luego vino el “pan y fútbol” y ahora algo de “pan e internet” para todos. Sigamos, por si acaso, denunciando el circo de antaño, no por creernos o sabernos más intelectuales que nadie, sino por pura supervivencia de una especie que parece ya agotada.

¿Qué pintan entonces aquí los escritores? Hubo un pequeño lapsus de tiempo en el que autoeditar un libro se puso de moda. De repente todo el mundo era escritor, aunque su obra fuera igual de mediocre que el mundo circundante. Luego vino aquello de ser bloguero, algo nuevo, que era guay, molaba. Más tarde nacieron los tuiteros, luego los ególatras de Instagram… Pero hoy día, si no eres un youtuber, realmente no eres nadie. Lo de estar en Facebook quedó desfasado, solo acto para abuelitas aburridas que aún no se atreven con la grabación. Igual que lo de tener un blog como este que nació allá por el 2008. Una auténtica antigualla de museo. O Twitter… ¿quién mira hoy día esa caja de grillos maleducada y ruidosa?

¡Videos! ¡La gente ahora quiere videos! De uno o dos minutos mejor, pero que digan mucho, o que por lo menos nos entretengan mucho. ¡Videos, más videos! Diría Goethe si muriera en este tiempo… Esa es la triste luz de nuestra era. Ese es el preludio del fin de nuestra mente libre e inteligente, crítica y amante de la verdad. ¡Ilusión, más ilusión! ¡Mentiras, no importan cuan grandes, con tal de estar entretenidos! Y aún está por llegar lo más increíble e importante de este nuevo siglo: la inteligencia artificial de la mano de la robótica que gritará agónica ¡maya, todo es maya! Veremos qué da de sí esa revolución tecnológica y cuánto quedará para nuestra pronta extinción. Goethe, por favor, vuelve… ¡luz, más luz!

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s