La actualización del lenguaje


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© Michael Kenna

Antes de las lenguas estaba el silencio, la música y los números. Antes de la torre de Babel, el ser humano se comunicaba por esa misteriosa combinación que trascendía las lenguas. Actualmente la música y los números siguen siendo universales, y junto al silencio, crean una triada entre arte, ciencia y espiritualidad. Esa triada es básica para el entendimiento humano, sin embargo, está empañada por la interpretación polisémica del lenguaje. El arte provoca belleza, cortesía, humor, alegría, embelesamiento ante la creación. La ciencia nos aporta guía y razón, búsqueda incansable de justicia y saber. La espiritualidad nos acerca al misterio, a nuestra esencia, al símbolo que representa la propia existencia humana. Y  las lenguas, en casi todos sus matices, confusión.

Hay un éxtasis inevitable cuando dicha triada se conjuga más allá del lenguaje común. Saber, querer, osar y callar en el emblema místico. La cruz que ante su equilibrio une el cielo con la tierra, pero también lo eterno con lo finito. En la unidad de las cosas está la belleza, siempre contemplada desde la no-dualidad, desde el afán por ver más allá de las formas. Toda división es trágica, por eso nuestro mundo vive en una constante tragedia que el lenguaje se encarga de potenciar. Al dividir, nos alejamos de la esencia de las cosas. Al clasificar, al juzgar, al tachar, al criticar, estamos alejándonos de esa fuente subterránea que navega invisible en todas las formas. Separar siempre aporta una dosis de dolor a veces irrecuperable, y su sanación, provoca en nosotros un anhelo y una melancolía inevitable.

Cosmos es orden, unidad. Pero hay un momento que el orden desea convertirse en número, en kaos, que paradójicamente es lo primero que había, la hendidura universal. Sublevando la inteligencia, no podemos alcanzar la riqueza de todo cuanto habita. Nos resulta imposible acechar a la verdad en sus múltiples significados. Pensamos que la verdad es una unidad, pero realmente es una expresión de múltiples caras, símbolos y significados. Cualquier hecho que ocurre en nuestras vidas tiene cientos de registros y significaciones. ¿Cómo entonces entender la profundidad de la existencia limitando nuestro saber al lenguaje, a los lenguajes?

Podemos ver nuestras desgracias como axiomas de mala suerte, o prever que ese desequilibrio temporal desea provocar una vida mejor en un futuro incierto, en un lenguaje que aún no conocemos ni sabemos interpretar, o mejor dicho, un lenguaje que hemos olvidado. Más allá de la noche y el día, encontramos el érebo y el éter. Más allá de ambos, se extiende como una mancha una infinidad de capas de realidad que subyacen en dimensiones imposibles de entender. Por eso, cada acontecimiento no encierra tan solo una verdad, sino más bien un provocador estímulo para indagar en sus posibilidades. Agarrarnos a ese estímulo, con pasión, es lo que nos acerca al subterráneo vaso conductor de las cosas.

Uno no se puede quedar en el laberinto del lenguaje divisor, separador, en ese viejo orden de existencia, o trascenderlo y abrazar la unidad de todas las cosas. La vida es un regreso, una muerte que renueva constantemente todo cuanto existe. Vivir es morir, es peregrinar de un lado para otro, pero también de un pensamiento hacia otro, de una experiencia a otra. El circuito de la vida requiere experimentar esa dualidad inevitable y con ella, alcanzar la plenitud más bella. La vida es regresar constantemente, renacer constantemente, morir constantemente. Al morir, como al nacer, no eres nada ni nadie, y ahí empieza la verdadera odisea, el verdadero camino de retorno.

Podemos conmovernos con alguien o algo, podemos incluso estar una vida juntos conjugando el verbo y practicando incansablemente la búsqueda de la palabra perdida, pero si no morimos y renacemos una y otra vez, justos o separados, no tendremos la posibilidad de experimentar el éxtasis vital, el secreto del que no se puede hablar porque solo es posible entender desde la belleza, el silencio y la luz. Sabiduría, misterio, búsqueda.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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